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Pacto de transición

11 de agosto de 2014 - 10:46 p. m.

Colombia necesita un pacto de transición.

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Quiere decir que para los próximos diez años de vida del país, que el Presidente Santos estimo ser el tiempo suficiente para consolidar la paz, la equidad y la educación, colombianos y colombianas podríamos acordar un conjunto de metas, caminos y actores que, sin abandonar el juego democrático de la pluralidad, nos guíen y comprometan a trabajar por las transformaciones sustanciales consideradas prioritarias.

A pesar de vacíos evidentes y sensibles, hay que reconocer que el 7 de agosto el Presidente Santos procuró estructurar un mensaje sintonizado con las expectativas predominantes en la gente. No quiere decir que estemos seguros que todos los días de los siguientes cuatro años el Presidente va a ser coherente con los anuncios de la posesión. Pero en política las palabras constituyen hechos políticos y en esta ocasión el programa presidencial es uno que merece atención y que da pie para una respuesta audaz de las fuerzas que se reconocen del espectro alternativo.

De las fuerzas alternativas se espera que contribuyan eficazmente, estratégicamente, a crear una realidad política nueva en el país a raíz de la terminación del conflicto interno armado y del comienzo del tiempo pos acuerdos. La forma como están ocurriendo las cosas está configurando una suerte de estructura de oportunidad política. No se trata de un momento fugaz de oportunidad, se trata de todo un período de la vida del país en que se presentan, se pueden crear y se pueden aprovechar cambios importantes en la configuración del mundo político.

Colombia se está rehaciendo. Se rehacen las regiones, los partidos y movimientos, las expresiones de sociedad civil, las instituciones, las prácticas políticas, el juego político. La crisis de representación está dando lugar a un auge de participación directa y movilización. Los imaginarios están cambiando. El referente mítico de quienes luchan por transformaciones reales ya no es la lucha armada. La radicalidad en fines democráticos se compagina con medios también democráticos. Está en desarrollo una forma de civilismo radical democrático que tiene el sentido de accionar para hacer realidad planes de vida de ciudadanos y ciudadanas y de las comunidades, desde la comunidad local hasta la comunidad nacional. El referente utópico de las luchas del pueblo colombiano es cada vez más el mismo de los pueblos latinoamericanos: el buen vivir.

En plena transición de una semidemocracia poblada de violencias a una democracia creciente sin violencia, las fuerzas sociales y políticas del espectro alternativo – movimientos sociopolíticos, iniciativas de paz, conglomerados políticos progresistas, independientes y de izquierda, programas territoriales de desarrollo y paz, ejercicios constituyentes, movimientos de reivindicación y reconocimiento de derechos, expresiones etnoculturales (indígenas, afrodescendientes, raizales), académicos, artistas y comunicadores, colombianos exiliados, comunidades eclesiales de paz, nuevas ciudadanías e infinidad de asociaciones volcadas a lo público – seguimos exhibiendo tanto la espectacular riqueza de la pluralidad como la descomunal tragedia de la fragmentación.

El pacto de transición no es viable si no se constituye el sujeto plural que articule, canalice y proyecte el conjunto de las mayorías nacionales hacia una nueva hegemonía, es decir, hacia una nueva posibilidad de poder y de gobierno. Al proyecto de Tercera Vía es preciso salir al encuentro con un proyecto de paz auténtica con democracia, justicia y dignidad en profundidad. Salir al encuentro no para diluir el proyecto alternativo en el tímido reformismo del establecimiento, sino para clarificar los elementos en que puede haber coincidencia y para hacer patente cuál es el terreno de las nuevas ofertas y posibilidades políticas.

Pacto de transición incluye, como puede colegirse, programa de transición y gobierno(s) de transición.

lucho_sando@yahoo.es / @luisisandoval

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