Las sanciones aplicadas a otros personajes públicos, también consideradas injustificadas o exageradas, no alcanzaron a suscitar una ola de indignación ni un despliegue de recursos jurídicos y políticos de las dimensiones que ahora tiene la destitución e inhabilitación del Alcalde Petro por el Procurador Ordóñez.
Del revuelo se está pasando a plantear problemas de fondo en el diseño institucional y en el juego político. Un debate de hondo calado sobre la democracia colombiana se ha iniciado en el país y en el exterior. Lo que parecía un incidente más se está convirtiendo en acontecimiento.
Petro asumió la Alcaldía de Bogotá el 1º de enero de 2012 con la clara intención de fortalecer su proyección política, es decir, sin ocultar que su aspiración fundamental seguía siendo la Presidencia de la República. Lo sorprendente es que aún el hecho de su destitución lo está convirtiendo en un paso hacia el futuro. En espacios altos se está comprendiendo que entre Petro víctima y Petro héroe no hay hiato insuperable y que eso le está confiriendo el carácter de líder de las multitudes de indignadas e indignados que con inusitada frecuencia, en los últimos cinco años, hacen presencia en espacios públicos contra el modelo económico, por la paz con equidad, contra la política tramposa y corrupta, por el respeto a la institucionalidad democrática, por derechos y contra la discriminación.
Petro no es hoy, no puede ser, candidato a nada pero ya está convertido en un actor definitivo de la coyuntura política y del proceso electoral que escogerá nuevo Congreso y nuevo (o el mismo) Presidente de la República. Todo indicaba que la polarización Santos Uribe seguiría dominando el paisaje político y que las fuerzas alternativas, débiles y fragmentadas, con un pesado fardo sobre sus hombros a raíz de la lamentable gestión reciente precisamente en Bogotá, no levantarían cabeza. Sin embargo, la decisión del Procurador ha producido el milagro de hacer reflotar la izquierda y sectores progresistas y democráticos, ha fortalecido la dinámica de movilización por objetivos democráticos y ha inducido los entendimientos de Verdes, Progresistas, Unión Patriótica, Marcha Patriótica, Congreso de los Pueblos, País Común, Estudiantes, Campesinos, Víctimas, Ambientalistas, Juntas Comunales, Sindicatos, etc.
El 9 de diciembre día en que se hizo pública la decisión del Procurador, el acuerdo de lista para Senado entre la Alternativa Verde y la Unión Patriótica y otros sectores, que aún tenía dificultades, rápidamente se abrió camino y consolidó. Lo propio podría ocurrir con la idea de una candidatura presidencial alternativa única o tercería. Pero en este proceso no todo está aún claro y asegurado.
En primer lugar el Alcalde tiene que entender que no se trata solo de que él se salve sino de que nos salvemos todos como actores individuales y colectivos de una tarea compleja de transformación. En segundo lugar es preciso construir un entendimiento programático alrededor de las conversaciones de paz, el tratamiento del modelo económico y social, la reconstrucción de la institucionalidad democrática incluido el tema de la propuesta constitucional, la política de explotación de recursos naturales con salvaguarda social y ambiental, el ordenamiento territorial, el problema de los cultivos de uso ilícito y tráfico de estupefacientes, el asunto estratégico e ineludible de la integración continental.
En tercer lugar está el tema organizativo y el liderazgo plural sin cuya resolución nada es posible. Red de ciudadanías, movilización permanente, reto electoral, frente amplio, deliberación, mandato y voto, gobiernos alternativos en regiones y territorios, gobierno alternativo nacional, exigen una profunda revolución organizativa que facilite la formación de mayorías con la calidad de sujeto plural social y político.
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