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Política no da la medida

10 de marzo de 2014 - 11:00 p. m.

El país se ensancha, la política se estrecha. La política existente no da la medida del país que pugna por surgir. La ciudadanía se indigna con los políticos de todas las vertientes.

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De esa manera resumo mis impresiones sobre los comicios parlamentarios del 9 de marzo. No es difícil explicarlo, la información que los medios han divulgado en abundancia lo indica a las claras.

La abstención es enorme, volvió a ser mayor que la votación. En esta oportunidad fue del 56%, igual prácticamente que en 2002, habiéndose aproximado al 60% en 2006. Se confirma nuestra condición de democracia minoritaria. A ello se suman más de 900 mil votos en blanco y 1.5 millones de votos nulos. Estos son guarismos de marginamiento, impericia, inconformidad e indignación ante la política en general.

Avanza la oposición derechista al gobierno Santos. El hecho más protuberante es la presencia con 20 senadores del Centro Democrático liderado por el Expresidente Álvaro Uribe. Sabido es que el Partido Conservador abandonó la Unidad Nacional, que tiene una bancada en la mermelada presidencial, pero una candidata que agita distanciamiento. El Partido Verde-Progresista hace meses abandonó las toldas de la coalición presidencial. Los tres partidos que respaldan al Presidente – la U, Liberal y Cambio Radical – no alcanzan la mayoría absoluta en el Senado.     

La oposición de izquierda se debilita, los partidos alternativos apenas subsisten y algunos ni siquiera eso. Los Verdes y  el Polo sacan cada uno 5 senadores y salvan el umbral, eso es positivo, pero es claro que su presencia parlamentaria se reduce porque venían de tener un mayor número de senadores y representantes. Sobrevivir es destacable pero no es precisamente un triunfo. En este descenso pesaron graves errores recientes. Lamentable que la UP y con ella el Partido Comunista hubieran quedado sin representación parlamentaria. Improvisaron y dispersaron fuerzas.

Aquí no puede dejar de aludirse al hecho de que el Alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, atento a la batalla jurídica y política para mantenerse en el cargo, no hizo guiños de ninguna clase frente a partidos o candidatos, quizá esa actitud lo preserve como posible armador del rompecabezas del vecindario alternativo y como catalizador de la ola de indignación que puede volver a ascender desde la protesta social, desde la acción ciudadana en defensa del proceso de paz y a raíz de que sea confirmada la destitución si no llegan las medidas cautelares de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

La política partidaria, la representación política, los círculos de notables de derecha, centro e izquierda están todos, por comunes o diferentes razones, en franco retroceso, mientras en la sociedad colombiana se acentúan las tensiones entre guerra y paz, inmovilismo y cambio social, retardatarios y progresistas en materia de institucionalidad democrática. 

Quizá la política colombiana, su renovación y renacimiento, pase en esta etapa por el civilismo radical democrático de movimientos étnicos, populares, ciudadanos, originados en causas específicas – educación, salud, tierras, reparación, paz, vida digna, trabajo decente – los cuales se levantan en la base y en la periferia de la sociedad desde todos los niveles territoriales. 

Lo que no puede ocurrir es vacilar en el camino de la paz ya emprendido. El conflicto armado y la precariedad de la política se superarán no con menos sino con más y mejor política. Ya está avanzando la idea de una gran  cita para la convergencia por la paz, la democracia, la justicia social y la elaboración de una amplia agenda legislativa 2014-2018. Una nueva generación política, entusiasta y preparada, está emergiendo que, sin duda, traerá esperanza y generará confianza. 

lucho_sando@yahoo.es – @luisisandoval

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