¿Qué nos pasa a los colombianos que no nos conmovimos con el “paro armado” ordenado por los criminales ‘urabeños’ o ‘autodefensas gaitanistas’ o ‘bacrim’ que paralizaron la quinta parte del territorio nacional?
Me pregunto, ¿dónde están las redes sociales que, tan efectiva y oportunamente, han convocado las marchas contra el secuestro y el accionar criminal de la guerrilla? Pero lo que más me sorprende es la ausencia del Estado, que obedientemente se escondió ante la orden de toque de queda ordenada por estos maleantes. Sólo como letra muerta los alcaldes de los 16 municipios directamente afectados y el flamante gobernador de Antioquia debutaron con inútiles consejos de seguridad y comunicados donde hablaban de acompañamiento a la población y que garantizarían la tranquilidad. Mientras tanto, los bandidos envalentonados imponían con panfletos y llamadas telefónicas sus normas, prohibían la circulación de los ciudadanos y exigieron la suspensión del transporte, las empresas bananeras paralizaron sus actividades, el comercio cerró y la zona se convirtió en ciudades fantasmas.
Tardíamente, dos días después del forzoso toque de queda, el presidente prometió en compañía de la cúpula militar, en Santa Marta, que la Fuerza Pública va a extinguir a estas bandas, que la guerra es sin cuartel y todos los lugares comunes de los discursos que se estilan en estos casos.
No en vano, está hoy el excomisionado de Paz Luis Carlos Restrepo con un pie en la cárcel por la irresponsable labor en su alto cargo. A decir del director de la Comisión de Juristas, más del 98% de los miembros de las autodefensas están libres, muchas de las entregas de armas y las desmovilizaciones han sido simples actos teatrales y esto lo estamos comprobando con los hechos de este jueves. Las denominadas bandas criminales son las mismas autodefensas y milicias que quedaron como estructuras que se han ido acomodando a las circunstancias, pero que siguen llenas de armas y de motivos para continuar atemorizando al país.
Gloria Upegui. Medellín.
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