Mientras el gobierno de Nicolás Maduro recuerda a Hugo Chávez Frías, inspirador de la revolución bolivariana, en el aniversario de su muerte (5 de marzo de 2013), Juan Guaidó regresa a Caracas, después de la fracasada operación de ingresar ayuda humanitaria sin acuerdo con las autoridades, y en espacios internacionales se discute si debe producirse una intervención militar humanitaria con el supuesto fin de cumplir con la responsabilidad de protección.
Realmente es una minoría ruidosa la que, tras la expresión “todas las opciones están vigentes”, piensa que es preciso recurrir a la intervención armada. Ni Europa, ni el Grupo de Lima, ni el gobierno de Colombia, tampoco el de Brasil, mucho menos el de México, ninguno de los 15 países del CARICOM (Comunidad del Caribe), comparten esa vía. Así lo han declarado reiterada y enfáticamente.
Es una minoría la que sigue hablando de “todas las opciones” pero dentro de ella está la potencia norteamericana que no respeta derecho ni instituciones internacionales y que, bajo el maniqueo discurso sobre la restauración de la democracia y la atención a los problemas humanitarios, oculta sus reales fines de controlar la riqueza petrolera y minera de Venezuela, amén de alejar a otras potencias como Rusia y China del espacio de América Latina a la cual sigue considerando su patio trasero. Colombia para algunos estaría jugando doble: no de palabra y sí de hecho a la vía militar.
La sesión del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas el 28 de febrero, como era previsible, no dio curso a ninguna de las Resoluciones presentadas a su consideración, ni la de USA ni la de Rusia. Una por apretar el cerco, otra por la distensión. Sin embargo, un hecho parece estar abriéndose paso y es un diálogo directo entre las dos potencias. Así se informó por algunas cadenas televisivas a la media noche del 4 de marzo. Los responsables de las relaciones exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, y de USA, Mike Pompeo, habrían sostenido una conversación telefónica al respecto un par de días antes.
“Moscú está preparado para facilitar un nuevo diálogo entre el Gobierno y la oposición de Venezuela…” Rusia ya habría enviado algunas propuestas a Caracas en este sentido, según informa Itar-Tass, citada por Reuters. Lavrov también ha aprovechado su contacto con Pompeo para «advertir en contra de cualquier injerencia en los asuntos internos de Venezuela, incluido el uso de la fuerza, con el que amenaza Washington en violación del Derecho Internacional”. (Europa Press).
No se ha vuelto a mencionar nada en medios noticiosos sobre estos intentos de diálogo Rusia-USA, ni tampoco sobre los avances del Grupo Internacional de Contacto instalado en Montevideo el 7 de febrero con claro apoyo de la Unión Europea como que la Señora Federica Mogherini, responsable de exteriores de la Unión, estuvo en la reunión y compartió sus conclusiones.
Atendible, así sea con reservas, la clara manifestación del Canciller venezolano, Jorge Arreaza y del propio presidente Nicolás Maduro, de que ese gobierno estaría dispuesto a aceptar nuevos diálogos con la oposición y también con los gobiernos concernidos, incluido el gobierno de USA. “Estamos dispuestos al diálogo donde quieran, sin condiciones, todas las soluciones se evaluarían a la luz de la Constitución que tiene mil vías de solución política”.
El exalcalde de Caracas Antonio Ledezma, en contravía de la disposición al diálogo que vuelve a despuntar, sigue reiterando, a través de medios de comunicación y redes sociales, su conocida y nefasta postura de pedir a USA y otros países la intervención armada humanitaria, o ejercicio de la responsabilidad de protección como se hizo en Libia en 2011. Cierto es que la ONU en 2005 acogió, mediante una resolución (R2P), el principio de la responsabilidad de protección, pero la aplicación de tal principio solo es posible si se dan determinadas condiciones que no se ven hoy en Venezuela, así se reconozca la crisis humanitaria que afecta al país. Importante escuchar al respecto la nítida explicación del experto Farid Kahhat en el Comercio de Lima
En contraste la Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, al tiempo que criticó al régimen de Nicolás Maduro claramente alertó el mismo 6 de marzo sobre el hecho de que las sanciones económicas impuestas a Venezuela “exacerban la situación de crisis humanitaria al interior del país, mueven a mayores protestas y tales protestas conllevan a mayor represión con violación de los derechos humanos”. Verdadero círculo vicioso el que se ha creado que solo contribuye a acentuar las dolorosas circunstancias en que transcurre la cotidianidad del pueblo venezolano.
Lo que en espacios internacionales eufemísticamente se identifica como “cerco diplomático”, en esta columna lo hemos llamado por lo que es en realidad: un asedio ilegal e inhumano contra Venezuela. Por las sanciones de EEUU y sus aliados, desde 2013, el país ha perdido 350 mil millones de dólares según un nuevo informe de la Unidad de Debates Económicos del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (Celag). Ningún esfuerzo mental se requiere para comprender que tamaña sustracción de recursos ocasiona gravísimos problemas no solo al gobierno sino, ante todo, al común de la población en la provisión de bienes, servicios y medicamentos. Esa una de las mayores causas de la crisis humanitaria.
Si esta estrategia ilegal e inhumana de quitar el oxígeno a Venezuela terminara en una intervención militar, podría estar configurándose el crimen de agresión que se contempla en el Acuerdo de Roma que creó la Corte Penal Internacional. Ya me he referido a este aspecto en textos anteriores.
http://viva.org.co/cajavirtual/svc0623/pdfs/5_Venezuela_aun_puede_haber_salida_dialogada.pdf
Hoy lo hago de nuevo para recabar, como muchas voces lo están haciendo, que nada bueno se derivaría de tal intervención militar, así se hiciera en pro de un supuesto fin humanitario. La solución sería peor que el problema, se produciría una lesión irreparable no solo a la nación venezolana sino al conjunto del continente latinoamericano. Muy seguramente surgiría otro peligroso foco de confrontación en el contexto geopolítico global.
No es cierto que el pueblo venezolano que sufre las consecuencias del descalabro de la economía petrolera y la restricción de libertades del régimen de Maduro esté ansioso por ver entrar a los marines norteamericanos como libertadores en su territorio. La gente quiere soluciones prontas, democráticas y dignas, no la vergüenza de una intervención militar extranjera. Lo he constatado en comunicación directa y frecuente con personas que permanecen en el país.
Se equivoca el gobierno de Iván Duque al desconocer el contexto global y jugarse la sola carta de ser el peón de punta de la estrategia de USA contra Venezuela que no es ningún cerco diplomático sino una operación de asfixia ilegal e inhumana. Error mantener una postura de ambigüedad frente al reiterado discurso trumpista de que “todas las opciones están vigentes”.
Si de verdad Colombia estuviera en plan de acción diplomática, y solo de ella, tendría que empeñarse en procurar la aproximación del Grupo de Lima, el Grupo de Montevideo y México, tratando de sumar y llevar a un punto más avanzado la postura de Naciones Unidas, el Vaticano y la Unión Europea. Por lo visto el presidente Iván Duque va a sentir la necesidad de dar estos pasos solo cuando venga el apretón de Rusia y China, cada una a su manera según sus diferenciados intereses. Parecería que al presidente y a su Canciller les preocupan más las encuestas internas que las realidades y las responsabilidades supranacionales.
Solo el diálogo interno y externo permitirá superar la actual encrucijada de Venezuela, ello a condición de que todos los intervinientes en él tomen de verdad en cuenta el interés del pueblo venezolano y respeten su autodeterminación. No puede asumirse como humanitaria una intervención armada bajo el pretexto de responsabilidad de protección, lo que realmente podría estar gestándose es un flagrante crimen de agresión. Hay que cerrarle el paso a semejante perspectiva.
@luisisandoval, lucho_sando@yahoo.es