Presidente, usted ambiciona estar en la Cumbre de la Paz.
Aspiración elemental y justa en un mandatario que, sorpresivamente, en su posesión anunció que abriría diálogos con las insurgencias políticas, contrariando la inercia de dos gobiernos sucesivos empeñados en la vía militar y de los cuales usted venía de ser el Ministro de la Guerra. La persistencia suya en el propósito de la paz es admirable. El mundo entero lo está entendiendo, el país todavía no.
Lo que ahora le voy a decir le va a parecer extraño en un primer momento, pero creo que no en un segundo, si usted se mantiene en su posición de inteligente e inagotable jugador. Asegúrese en su sillón presidencial. Usted llegará a la Cumbre de la Paz no tanto por el éxito en las Conversaciones en La Habana, Quito o Caracas, que por supuesto es necesario y que doy por descontado, sino porque usted se monta en el carro de la Cumbre Agraria, Étnica, Campesina y Popular que levanta banderas justicieras de reformismo rural y modernización del campo.
Escúcheme sin afán, Presidente. Usted me escuchó el 28 de mayo de 2014 ante más de 300 personas invitadas bajo una gran carpa blanca al lanzamiento público del Consejo Nacional de Paz. Yo le dije, con vocería de un bloque muy grande de sociedad, que el 2013, según estudios del CINEP, había sido el año de mayor movilización social en Colombia en los últimos 38 años, es decir, desde 1975. Usted, siempre gentil, me respondió complacido ante el país presente que “esa era la prueba del talante democrático de su gobierno en el que se respetaba la protesta social”.
Ahora, Presidente, es el momento de mostrar y demostrar que en el país que viene, el del pos-acuerdo, es posible la protesta social y que ella, seriamente planteada por la gente y seriamente asumida por el gobierno, es una vía real para construir democracia. Los campesinos, los indígenas y afrodescendientes en sentido Llamamiento “Sembrando Esperanza, Cosechando país” explican que se tienen que movilizar de nuevo porque su gobierno no ha cumplido en medida satisfactoria lo acordado en ese momento (2013) que usted asumió como prueba de su talante democrático.
El talante democrático no está en aceptar que la gente se movilice, al tiempo que se la reprime, se la encarcela y se la asesina; no está en realizar desapacibles reuniones, cien veces postergadas, con funcionarios de segunda o tercera línea sin poder de decisión; no está solo en firmar acuerdos para quitarse de encima la presión social y luego no cumplir lo precariamente pactado. El talante democrático está en dialogar, pactar y cumplir sin reprimir.
La movilización de la Cumbre Agraria, Presidente, lo más estructurado y serio en mucho tiempo, no es un palo en las ruedas de la paz, es la oportunidad de que usted valide el cambio rural y la apertura política, ya pactados con las FARC-EP, y lance una señal positiva al punto cardinal de participación del ELN. Si modernizamos el campo manteniendo con vida la economía campesina, si le ponemos una pizca de dignidad al manejo de nuestros recursos naturales, al país llegará la paz y usted será figura central en la Cumbre de la Paz.
Me atrevo a decir, Presidente, ojalá me equivoque cien por cien, que si su gobierno no le cumple a la Cumbre Agraria, usted se queda sin argumento para que el pueblo lo acompañe el día del plebiscito, consulta o mandato por la paz. Si usted articula lo social a la paz, todo terminará bien. Aún es tiempo.
@luisisandoval