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¿Santos será capaz?

23 de julio de 2013 - 06:40 p. m.

Las circunstancias que enfrenta el Presidente Santos y su gobierno son complejas y difíciles.

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Diálogos en La Habana con una guerrilla poco aconductada a los deseos del gobierno, dificultades para enganchar al ELN al proceso, paros en cascada sobre todo en el mundo rural por tierras, ambiente y contra la minería depredadora de las multinacionales. Muchos se mueven contra los efectos de los TLC y ante el incumplimiento del gobierno a recientes acuerdos. 

Otras protestas se anuncian para el 19 de agosto. Los paros en unas regiones el gobierno los considera manipulados por la insurgencia de las FARC-EP (Catatumbo), en otros casos señala la injerencia oportunista del Expresidente Uribe y amigos (cafeteros). Al mismo tiempo el Ejército Nacional sufre sensibles bajas en regiones como Cauca, Arauca y Caquetá por acción de las guerrillas. 

Ante estos hechos que se presentan en simultáneo, como una madeja enredada, es que se formula la pregunta: ¿El Presidente Santos será capaz de manejar la coyuntura sacando adelante los diálogos con los insurgentes y también los diálogos con los que protestan? 

En mi opinión el Presidente Santos no puede seguir vacilando y tratando de jugar al mismo tiempo a la guerra y a la paz. Si quiere pasar a la historia como reformista y pacifista tiene que cambiar el manejo del tsunami de protestas que se está produciendo, puede aprovecharlo para darle piso social a las reformas y a los diálogos de paz. 

Brasil es una lección: Lula ha asumido, en artículo publicado en el New York Times, que “las protestas son posibles por los cambios que generó su gobierno”, que “está bien que la gente quiera ir más allá”, que “lo que piden los movilizados sirve a la profundización de la democracia”, que “su partido debe recuperar los vínculos con los movimientos sociales”. Claro Brasil no tiene guerrillas, pero abrirse a la comprensión de la protesta puede servir aquí en Colombia precisamente para mostrar a las guerrillas que se puede avanzar socialmente sin tomar las armas. 

Si las protestas no fueran palmariamente justas, si lo que piden no se correspondiera con reclamos básicos de modernización y de justicia, si no fuera para alterar situaciones estructurales reconocidas por el propio Estado, Universidades y Organismos Internacionales, como indeseables e insostenibles – tal el caso de la tenencia y uso de la tierra y el territorio (PNUD, Informe de Desarrollo Humano 2010) – se aceptaría que el Presidente reaccione anunciando fuerza y no diálogo. No se puede a toda hora buscar un culpable o manipulador tras escena en lugar de analizar las raíces de los problemas que plantea la gente. 

Este diario ha planteado en reciente editorial (lunes 15): “El entendimiento, de nuevo, es la solución: del territorio, de lo que allí hacen sus pobladores, de las restricciones que se pasan por encima o de las soluciones que dan. Lo decíamos el sábado en este espacio (y aplica para las protestas venideras, también): es hora de que una comisión de académicos y sabedores locales propongan una visión y una forma de integración sostenible y digna para esa minoría de colombianos que ostentan la mayoría del territorio”. 

Podría ser inclusive una Comisión de Mediación escogida por movilizados y gobierno la que busque puntos de encuentro sin maximalismos, con claras orientaciones para concertar cambios porque el país, la paz, la justicia necesitan y exigen cambios, cambios reales. ¿Será capaz el Presidente Santos de orientar así las cosas? Si la idea es jugársela por la paz, las protestas son oportunidad para mostrar que el diálogo es con todos para asegurar la prosperidad colectiva. 

lucho_sando@yahoo.es 

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