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Triunfó la Cumbre, ganó el país

14 de junio de 2016 - 09:06 a. m.

El paro o Minga Nacional de la Cumbre Agraria, Campesina, Étnica y Popular, que inició el 30 de mayo con bloqueo de vías, se levantó el domingo 12 de junio, mediante un acuerdo general, varias actas temáticas y un acuerdo previo de garantías, con el Gobierno del Presidente Santos.

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Esta misma semana, el viernes 17, se inicia agenda de diálogos complementarios en Bogotá. El epicentro del movimiento y de los diálogos estuvo, significativamente, en territorio de comunidades afro en el Departamento del Cauca.

El final feliz hay que atribuirlo y reconocerlo a las dos partes, la Cumbre movilizada y el Gobierno. Éste tuvo una semana entera de duda entre la estigmatización y la comprensión, inclusive se habló de infiltración, trató de jugar a la división entre dirigencia regional y dirigencia nacional de la acción colectiva, y alcanzaron a presentarse hechos trágicos con la muerte de tres activistas de la protesta y el desalojo que en momentos finales, inexplicablemente, se produjo en la Lizama (Santander).

Terminó imponiéndose en ambas partes un manejo sensato de la situación, hubo sabiduría en los marchantes en decidir el despeje temporal de la Panamericana en Santander de Quilichao por razones humanitarias y la hubo en el gobierno en reconocer la legitimidad de la protesta y comprometerse con un protocolo completo de garantías. En este importante paso tuvieron un peso propio el llamado de Naciones Unidas al diálogo y el papel, discreto y eficaz, de los Garantes.

Los equipos dispuestos por ambas partes para el diálogo y la negociación merecen especial mención. Sin la competencia y el afán sincero de buscar soluciones y compromisos serios a futuro no hubiera sido posible superar la situación de paro. Los y las dirigentes de la Comisión Política de la Minga Nacional estuvieron al frente con la misión de orientar la movilización y de avanzar en el diálogo. Cumplieron a cabalidad con ambas funciones.

El gobierno mantuvo en todo momento un equipo negociador de alto nivel encabezado por los Ministros del Interior y Agricultura, el Viceministro del Interior, acompañados por otros Ministros, como el del Posconflicto, y otros altos funcionarios que generaron confianza en la dirigencia del paro de que el diálogo iba en serio.

De un acuerdo forjado en estas condiciones solo puede esperarse que se cumpla en forma plenamente satisfactoria. Si la postura del gobierno apareciera reducida a la habilidad para pactar y lograr la desmovilización de las bases de la Cumbre se estaría cometiendo el inveterado error de firmar para no cumplir. Esta vez no está el gobierno ante un movimiento circunstancial de protesta sino ante un proceso estructurado de construcción de poder ciudadano, social y popular decidido a librar batallas civilistas de alcance estratégico.

En ello va gran parte de la novedad de lo que se vivió en los 13 días de paro, en las acciones colectivas de los años anteriores y en la acumulación política lograda desde el Encuentro multitudinario “el Diálogo es la ruta”, Barranca agosto de 2011. La movilización con toma de vías (80 puntos, 27 departamentos), muy presente en redes, aparece como nuevo recurso de la acción colectiva, complementario a la huelga laboral, frente a las destrezas del capitalismo neoliberal centradas en la circulación de capitales, personas y mercancías (Zibechi, 2008).

El acontecimiento del paro tonifica el proceso de paz. La paz se llenará de contenido transformador con sostenida movilización. El pueblo se apropia del proceso, será masiva y mayoritaria la validación de acuerdos, será más intensa la participación en lo que resta de la salida política. Despunta el sujeto del pos-acuerdo.

@luisisandoval 

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