Hacerse mujer es muchísimo más que aprender a usar tacones, verse bella, tener talentos y gozar de la mirada erótica masculina. Es un viaje al interior del ser que nos permite cuestionar a todas las mujeres que hemos decidido ser y abrazarlas para emprender un proceso de tejer y destejer los absolutos de nuestra personalidad. Es un ejercicio voluntario e íntimo.
No todas las mujeres derriban el miedo a encerrase con sus demonios un tiempo para luego renacer. Es un reto que muy pocas asumen. Es solo para mujeres aguerridas.
En nombre de todas las mujeres que forman parte de Feminismo Artesanal, movimiento social y grupo interdisciplinario de pensamiento y acción, me dirijo a usted públicamente no sólo como ciudadana y fundadora de este movimiento, sino como mujer. Espero que entienda que esta carta no es malintencionada ni pretende agraviarla; también quiero que sepa que crecí admirando su capacidad para mantenerse profesionalmente contra viento y marea, que sostengo que tiene derecho a ser como es y que nadie tiene derecho a ofenderla por eso. He defendido muchas de sus posiciones públicas, así esto me haya costado algunas discusiones con personas cercanas a mi círculo social o al feminismo. Para mí, y para muchas personas, usted es una mujer bella, inteligente y muy capacitada para brillar en el difícil y agresivo mundo del espectáculo. Dicho esto, voy a hablarle de igual a igual, sin rodeos ni protocolos.
Voy a hablarle “de mujer a mujer”.
Sé que guarda un resentimiento en contra del feminismo por varias razones y creo que tiene todo el derecho de manifestar ese descontento; es más, me excuso en nombre del feminismo que no ha sabido hacerles entender a mujeres como usted que nuestra lucha no es una superficialidad y que tampoco es equivalente a tener bigote, “a ser lesbiana” o a “estar loca”. Aunque algunas dentro del movimiento estemos un poco locas según el juicio social, usemos bigote y seamos lesbianas, ninguna de esas características es requisito para ser feminista ni rasgo general del feminismo.
En realidad, somos mucho más que un pretexto para hacer un show como, erradamente, quien la invitó a usted a debatir sobre la realidad del papel de las mujeres lo ha entendido. Somos un manojo de realidades diversas que parece que usted desconoce.
Lamento que usted no tenga ni la sensibilidad ni la empatía para comprender que nosotras las feministas no estamos imponiéndole a ninguna mujer cómo vivir y que, al contrario, sostenemos que todas las formas de ser mujer son válidas. Me duele que no entienda que todos y cada uno de los derechos de los que usted hoy goza los ha ganado el feminismo que usted tanto desprecia. El feminismo, Amparo, es la férrea defensa del glorioso derecho a decidir sobre nuestra propia libertad en todos los aspectos, aun a pesar de que a veces elijamos cosas equivocadas, contradictorias o que nos han sido impuestas. Aunque usted odie al feminismo, nosotras nunca la llamaremos loca. Nosotras comprendemos que su papel de diva, montado por más de 50 años, busca que los hombres la adoren como a una diosa y las mujeres quieran imitarla en todo. ¡Nosotras entendemos que de eso vive, ¡mujer! Que usted es eso y no es nada más, y que eso será hasta el último día de su vida.
Le traigo a la memoria el hecho de que el derecho a ser eso que usted ha elegido ser se lo dio el feminismo y que por eso las feministas siempre defenderemos sus decisiones de vida, aunque usted nos trivialice cada vez que quiere.
Usted es una mujer franca y polémica, y eso es muy válido. No obstante, no podemos quedarnos calladas cuando usted, todo un referente nacional, pretende ridiculizar nuestra resistencia y nuestra causa.
Finalmente le aclaro, por si todavía tiene dudas, que, en contraste con lo que usted dijo hace poco, ninguna mujer se hace lesbiana por sus problemas psicológicos, por violación o maltrato masculino. Esa es una verdad que las mujeres adultas, maduras y actualizadas ya dinamizan y entienden.
Yo la invito a hacerse mujer mucho más allá de la genitalidad, el estilo, la pose, los tacones y el maquillaje. Yo la invito a que, así como ha construido a pulso el convertirse en la Gran diva de Colombia, también dedique sus esfuerzos a crear empatía con todas las formas de ser mujer, que no condene lo que no comprende y que no se quede en los prejuicios contra los que tanto ha luchado cuando la han malinterpretado. A que no condene a la mujer que no conoce, no entiende y no comprende.
Como dice el movimiento en el que yo camino: ¡Hágase una mujer putamente libre! Quizás esa mujer que usted ahora es quedará completa y dejará de ofender a quienes tanto la admiran.
* Ideóloga, Feminismo Artesanal.