Incómoda por gritar su verdad.
Laura Beltrán Alarcón afirmaba: «No soy un foco de infección. Soy una mujer que ejerce sus derechos sexuales con ánimo de lucro y eso no me deslegitima ni intelectual ni políticamente. Soy una puta feminista que reivindica todas las formas de ser mujer desde su realidad y que abiertamente dice: Puta sí – Tuya No».
Desde que me enteré de su fallecimiento, a mi juicio en circunstancias nada claras, no he dejado de sentir dolor y estoy segura que no dejara de dolerme, aunque con el tiempo me acostumbre a ese dolor.
Mi amiga Laura Beltrán Alarcón, reconocida en las bases como Lala Switch Alarcón, había decidido hace unos meses vivir como una embajadora de Feminismo Artesanal llevando los derechos a las prostitutas en las calles.
Casualmente, hace unos días yo escribí una nota en este mismo diario, “Más que putas hetairas”, contándoles sobre su trabajo como activista. No sabía que era la última nota que escribiría sobre la orgullosa puta embajadora del feminismo.
Quiero contarles que Laura Beltrán Alarcón estudió actuación teatral en Casa Taller LP, Los Productores; estudió actuación en SENA -Centro de Formación en Actividad Física y Cultura; estudió Licenciatura en Artes Escénicas en la Universidad Pedagógica Nacional de Colombia.
Se hizo prostituta por decisión personal, como el 80% de las personas que ejercen la prostitución en Colombia. Cuando quería señalar la falta de garantías para las personas que decidían el sexo con ánimo de lucro como opción laboral, no pocas veces afirmaba “Soy la puta agonía” –-una vez le pregunté ¿Por qué la puta agonía?-–. Respondió: «Porque es una agonía ser yo. En este sistema que me quiere invisible, miserable, avergonzada, angustiada, con hambre, maltratada, violada, castigada y hasta muerta. Solo por decirles que mi cuerpo es mío y que yo decido y que disfruto plenamente de mi sexualidad con ánimo de lucro y que no soy una ciudadana de segunda categoría».
Lala y yo nunca compartimos mucho de nuestros mundos cotidianos. Las veces que compartíamos era sobre nuestras luchas. Teníamos diálogos filosóficos y humanistas desde la vida personal para la vida pública. y para las causas. Nuestro amor era un amor revolucionario. Teníamos muchos planes, planes que la vida nos ha negado.
Compartimos trocitos de nuestras vidas como si se tratara de toda una vida –y nos comprometimos por las otras, no sólo por nosotras–. Conocí su mundo desde lo que me quería contar. Nunca estuve con su parche porque nunca saqué tiempo. Me quedo con la Lala de mi corazón. De mis recuerdos, y prometo seguir aquí por ella y por todas las Lalas. Reivindicando todas las formas de ser mujer –hasta que todas y cada una de nosotras podamos sentirnos putamente libres y sin miedo.
Espero que pronto tengamos claridad de los hechos sobre su muerte. Espero que no nos quede la duda si fue o no fue feminicidio el resto de nuestra vida.
No contaré los detalles sobre su muerte que me causan tanta incertidumbre porque no quiero entorpecer el debido proceso de la investigación. Estaré muy pendiente y espero que la familia completa quiera saber los hechos y que no suceda como tantas veces sucede, que familiares dicen: “era una puta. Mejor dejemos así”.
Espero que alguien decida hacerse cargo de su perro de tres patas y que su hijo crezca rodeado de todo el amor que ella ya no puede brindarle. Espero de corazón que la madre de Lala nunca se sienta sola y que la memoria de Lala esté presente en nuestras acciones activistas.
Espero que los hombres que la amaron y valoraron, que no fueron pocos, sigan el resto de su vida replanteando su masculinidad y su existencia. En memoria de todas sus luchas. En su memoria hoy entiendo más aquello de “la puta agonía”.
Lala no solamente era puta -Lala era una gran artista con mucha vida en su vida y mucha vida por contar.
× Ideóloga, Feminismo Artesanal