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Colombia, una tragicomedia

18 de enero de 2010 - 10:03 p. m.

EL PRESIDENTE URIBE, DICIENDO hipócritamente que tiene una encrucijada en el alma en cuanto a su reelección, ha desestabilizado al país y a sus instituciones de una manera vulgar e irresponsable.

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Pero en algo sí está. Desde sus tierras cordobesas ha hecho proselitismo, durante sus aparentes vacaciones, hablando por emisoras regionales del país. También atendió a unos gringos que vinieron para conversar del TLC y de Derechos Humanos, imitando al nefasto George Bush, cuando invitaba a su rancho en Tejas a figuras internacionales para mostrarles el ganado y sus botas tejanas, y convencerlos de que las guerras en que había metido a los Estados Unidos se justificaban porque eran contra el “Eje del mal”.

¿Qué pasa en este país que nos dejamos manipular por un grupúsculo de personas que están jalándole a la farsa de Uribe? Como si no estuvieran sucediendo toda clase de cosas aberrantes en materia de seguridad. Se han conformado nuevas mafias clonadas de los paramilitares. La guerrilla no ha parado sus ataques criminales. ¿Qué pasa con la economía, que hay más pobreza? La corrupción se disparó gracias a que los dirigentes del país, incluyendo al alto gobierno, se hacen los de las gafas cuando les conviene a sus bolsillos. ¿Qué pasa con la justicia, que por vencimiento de términos quedan libres los militares acusados de los monstruosos falsos positivos? ¿Por qué Uribe no controla a su Ministro del Interior y supuestamente de Justicia que, en vez de estar haciendo torcidos con los congresistas para perpetuarlo en el poder, debería hacer algo para que crímenes de Estado, como el de los falsos positivos, no queden impunes por el inconcebible vencimiento de términos?

Hace unos días, Uribe dijo que su reelección dependía de la Corte Constitucional, del pueblo y de Dios. Pues Dios habló por boca del procurador Ordóñez y declaró exequible el referendo. Dentro de sus leguleyadas, Ordóñez olvidó las irregularidades con la financiación y todas las trampas que se tramaron en el Congreso. Pero eso no es raro, porque con la yidispolítica le dio su absolución al ministro Palacio y al ministro Sabas, como si el cohecho pudiera ser unilateral. Este país está convertido en una tragicomedia: tragedia para el país y comedia la del Gobierno.

Comparto la columna de León Valencia en El Tiempo del 6 de enero: “el momento que vive la nación reclama hombres y mujeres de carácter. Líderes valientes y estudiosos que entiendan los cambios que vive Colombia y que se atrevan a desnudar los errores y los fracasos del actual gobierno”. Los hay, pero están muy tímidos y así no se ganan posiciones y no se endereza un país. Deben arremeter con valentía contra el “Estado de opinión” que Uribe y su grupúsculo, incluyendo al Procurador, están invocando con malignidad y que es meramente un espejismo populista, mediático y falso, un engañabobos. Hay que restablecer el Estado de Derecho y reconstruir las instituciones, maltratadas por este gobierno. Hay que hacerlo y rápido, con dedicación y con seriedad.

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