A MÍ ME GUSTA CONTAR SOBRE LO que veo, así vaya en contradicción con los estudios y las estadísticas. Nací en Bogotá y quiero inmensamente a mi ciudad. Me alegra que sea de todos: de la gente que viene de provincia, de los pueblos pequeños, de las costas, y que haya un mestizaje de culturas, de costumbres, de comidas.
Soy ciudadana de a pie y estoy viendo que muchas cosas antes estaban mejor; ahora, por la laxitud de la Administración Distrital, se han dañado. Desde luego el problema de la movilidad y de la contaminación por el transporte público se salió de madre. Buses con pocos pasajeros y en la permanente guerra del centavo cruzándose salvajemente a los otros vehículos sin ningún acatamiento de la ley. Pero nunca se ve un policía de tránsito que los ponga en cintura. Eso sí, se ven en las horas de pico y placa porque ahí pueden sacar tajada. Además, los semáforos no están coordinados.
Las zorras también son un motivo de trancón. Andan por las vías principales, los zorreros maltratando a los caballos y parándose a recoger cartones cuando quieren y como quieren. La gente les da plata para que se lleven los escombros, que ellos dejan tirados a las dos cuadras. Las motos andan en contravía, por encima de los andenes, culebreando, y son las causantes de muchos accidentes. Habría que ponerlas en cintura.
Los peatones que hace un tiempo, con la Cultura Ciudadana, se habían aconductado, ahora se saltan tranquilamente los separadores, sin tomarse el trabajo de ir hasta los cruces permitidos. Tanto dijeron que se iba a reciclar, que la gente comenzó a separar las basuras. Pero no hay nadie designado formalmente por el Distrito que recoja los plásticos, las latas y los cartones. Entonces los recicladores informales abren las bolsas de basura para escarbar y dejan las calles sucias. ¿Se acabaron los escobitas que pasaban barriendo? En mi sector, que es El Lago, he visto ratas cerca de los establecimientos públicos, ilegalmente ruidosos, y no pasa nada.
El espacio público está totalmente tomado otra vez. A veces no se puede caminar y ahí es cuando hacen su agosto los raponeros. Otra vez, hay muchos menores de edad pidiendo limosna en los semáforos. Eso había disminuido. También hay desplazados, que pueden o no ser, pero de todas maneras es gente sumida en la pobreza profunda. Los indigentes por la séptima, la 13 y la 15 pululan como nunca. He visto que el Parque del Virrey y el parque de la 11 con 81 lo usan de baño para hacer sus necesidades a la luz del día. Deberían poner a los policías bachilleres, que se la pasan echando globos, a cuidar los parques. En días pasados vi a unos agentes de policía que sacaban a un embolador de la calle 93 porque no les había dado una coima de 10 mil pesos. De verdad que si yo tuviera que acudir a la autoridad, no llamaría a la policía.
En conclusión hay, tristemente, desbarajuste, criminalidad, mucha pobreza y anarquía en la ciudad.
¡Antanas, cómo te echamos de menos!