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Dos grandes humanistas

01 de septiembre de 2008 - 09:52 p. m.

CON POCOS MESES DE DIFERENCIA murieron dos grandes pensadores y humanistas colombianos: Orlando Fals Borda y Eduardo Umaña Luna.

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Eran contemporáneos, ambos trabajaron, con Germán Guzmán, en La violencia en Colombia, libro que en ese entonces a mi generación, de consentidos urbanos que no conocíamos más que una existencia entre colegios religiosos y cuidados exiguos en la casa, nos dejó estupefactos, nos abrió los ojos al país rural, que no era el de la fincas adonde íbamos sino que estaba ahogado en un gran charco de sangre, de cortes de franela, de miseria; también esa era Colombia.

Fals Borda, con Camilo Torres, creó la Facultad de Sociología de la Universidad Nacional en 1959 y durante mucho tiempo fue su decano. No se limitaba a que sus estudios y artículos sobre la violencia y la tenencia de la tierra se quedaran en el papel. Su intención era que la sociología se aplicara para darles solución a los muy graves problemas de Colombia. Escribió mucho, como lo hacen los intelectuales inquietos. Su libro, Historia doble de la costa, es la más completa obra que se ha hecho hasta ahora sobre una región, además en un lenguaje sencillo y comprensible. Sus modelos de investigación tuvieron acogida en círculos académicos del mundo. Durante el tenebroso régimen del estatuto de seguridad de Turbay Ayala, a él y a María Cristina, su señora, los detuvo el Ejército por nexos con el M-19; fueron torturados y ella estuvo dos años encarcelada. Formó parte de la revista de izquierda Alternativa. Participó después como militante del M-19 en la Asamblea Nacional Constituyente del 91 y murió siendo presidente honorario del Polo Democrático.

Umaña Luna fue un destacado jurista defensor de los derechos humanos. Sus disertaciones magistrales atraían a miles de estudiantes. Fue abogado de presos políticos, especialmente ante la justicia penal militar. Escribió más de 30 obras sobre derechos humanos, derechos de los pueblos y del niño. Era un erudito, como Fals Borda, de la realidad política y social del país. Un investigador de las ciencias sociales, también como Fals Borda, siempre buscando caminos, hasta el último momento de su vida, para salir de la barbarie que prevalece en este país. Vivió una tragedia inmensa: el asesinato de su hijo, muerto por las mismas manos que matan a los defensores de los derechos humanos. Decía del Derecho que es “un instrumento de dominación del grupo político que tenga el poder”.

Ambos, Fals Borda y Umaña Luna, cada cual dentro de su profesión y desde una perspectiva de izquierda ética e incluyente, nos dejaron una gran herencia de sabiduría y comportamiento: sencillos en sus vidas. Nunca se dejaron manosear por ese mundo banal de cocteles y revistas de sociedad. Estaban en lo que estaban, es decir, preocupados por los rumbos del país. Trabajando cada cual desde su disciplina, dando vueltas a las ideas en sus cabezas para ver cómo  podrían mejorar las condiciones sociales de Colombia. Pero como aquí se ha perdido el sentido democrático del cual nos dieron magníficas enseñanzas estos dos humanistas, es posible que me tilden de terrorista por haber hecho este humilde homenaje a la memoria de estos dos grandes colombianos.

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