LÁVESE LAS MANOS MUY SEGUIDO. Use tapaboca: la influenza se contagia por el estornudo y la tos. Si se siente mal no salga.
Estas eran las palabras que sonaban continuamente en las pantallas de televisión ubicadas en cualquier cafetería o fonda del Distrito Federal ante los ojos atónitos de miles de personas. Luego, luego, comenzaron a cerrar los lugares públicos, los museos, los sitios arqueológicos. Hasta ese momento llegó mi felicidad. Todo esto sucedió al día siguiente de haber aterrizado en México. Las versiones de la prensa escrita eran encontradas, según si el periódico era o no antigobiernista. Decían que si el gobierno manejaba las cifras, probablemente serían más los contagiados y los muertos. Que ya había habido, desde el mes de abril, una alerta y que el gobierno se había hecho el de la vista gorda. Ahí empezó la gente a encaretarse en el metro y en todas partes.
Los mexicanos son tranquilos de por sí –algunos comentaban que era una forma del gobierno de probar qué tanto poder de sometimiento tiene– y andaban muy frescos. Incluso cuando decretaron cierres de universidades y colegios la gente se fue para las playas. Pero la OMS con sus declaraciones produjo pánico. Tal vez se apresuró para tratar de contener lo desconocido con medidas precautorias. El ambiente era de zozobra. En nuestros países hay que leer entre líneas lo que dice la prensa. Puedo hacer eso en Colombia, pero en México no y esto me causó confusión. Tampoco ayudaron los noticieros internacionales. Nunca pensé que me iba a contagiar, pero sí que en un momento dado podrían decretar una barrera sanitaria y quedaría estacionada en México, cosa que no está nada mal, pero en otras condiciones.
Hoy, retrospectivamente, me doy cuenta de que sí hubo mucha especulación y amarillismo con la información. Claro que hay que ponerles cuidado a estos brotes y claro que hay gente contagiada, y no se debe desconocer que la mutación de los virus puede volverlos letales. Pero ya están diciendo que no es tan grave y que se puede controlar; que hay drogas y eventualmente vacunas para hacerlo; que la gripe normal y la pobreza matan más gente y bla, bla, bla.
Entonces, ¿qué pasó? ¿Por qué una organización de tanto prestigio como la OMS nos hizo entrar en pánico? ¿Está el planeta preparado para una pandemia? ¿O es que hay que asustar a la gente con el apocalipsis para que reaccione?
En el Benito Juárez, esperando mi avión de regreso con todos los encaretados, tembló varias veces. El avión no salía y me entró el susto de la barrera sanitaria, pero el problema era que el avión no había podido aterrizar por el temblor. Llegamos a Bogotá y en inmigración había un letrerito informando que “los pasajeros que vienen de México deben acercarse a las casillas 4 y 5”. Y una mujer del DAS gritando: “¿Quién tiene gripe? ¿Quién tiene fiebre?”. En fin, ya han pasado varios días desde mi llegada y fuera del susto y de la nostalgia que me dejó ese “México interruptus”, estoy invicta.