Dantescas las imágenes de cuerpos desmembrados de mujeres y niños en un parque infantil en Lahore, Pakistán, masacrados por un yihadista suicida por el solo hecho de profesar la fe de Cristo. No es un hecho aislado, en los últimos lustros ha habido múltiples ataques contra la comunidad cristiana, al igual que contra la minoría musulmana shiita, en ese país de mayoría musulmán sunita.
Una verdadera cacería contra cristianos se lleva a cabo en Pakistán y otros países. La autoría, en la mayoría de los casos, recae en organizaciones radicales islámicas para las que cristianos, judíos y otras religiones son infieles que deben ser perseguidos o aniquilados. El Medio Oriente, cuna del cristianismo, ha vivido una constante disminución del porcentaje de población cristiana de un 10 % a comienzos del siglo XX a menos del 3 % en la actualidad, según datos del Pew Research. En Irak y Siria, las antiquísimas comunidades cristianas han sido diezmadas por el Estado Islámico, las milicias shiitas proiraníes y en general un ambiente de absoluta intolerancia religiosa. Miles de feligreses han muerto en iglesias atacadas por fanáticos suicidas al grito de “Allhu Akbar”.
Una de las primeras acciones de la organización islamista palestina Hamás cuando se tomó por la fuerza la franja de Gaza, fue incendiar el puñado de iglesias que aún servían de lugar de culto para cristianos palestinos. En la región, sólo en Israel y Líbano los cristianos aún gozan de plena libertad de culto, aunque muchos cristianos libaneses han emigrado a Occidente, mientras que iglesias cristianas coptas en Egipto han sido objetivo de militantes de la hermandad musulmana.
En Nigeria, la organización terrorista islámica Boko Haram, otrora filial de Al Qaeda, ha asesinado a miles de cristianos, secuestrado niñas para esclavitud sexual, incendiado y destruido iglesias, escuelas y aldeas cristianas. En Sudán la ley establece que sólo hay una religión, una lengua y una cultura, por lo que cristianos y animistas son víctimas de una limpieza étnica del régimen islamista de Jartum. En la desarrollada Malasia opera una policía religiosa dedicada a perseguir cristianos, en tanto los musulmanes malayos que se convierten al cristianismo pierden la nacionalidad. Turquía e Irán han sufrido una severa reducción de sus otrora grandes comunidades cristianas. A lo anterior hay que agregar la prolongada persecución a cristianos en Corea del Norte, donde miles languidecen en las cárceles. En India han ocurrido episodios de violencia contra cristianos a manos de extremistas hinduistas y en la budista Myanmar, cristianos han sido víctimas de matanzas selectivas. Todo esto ocurre ante la indiferencia de organismos internacionales que abandonan a los suyos a su suerte.