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Comienza lo difícil

11 de febrero de 2011 - 10:00 p. m.

Se fue Hosni Mubarak, en lo que parece ser una transición ordenada donde el ejército es el que inteligentemente mueve los hilos para evitar un catastrófico vacío de poder y asume la Presidencia el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas, que cuenta con la presencia del general Omar Suleiman, exjefe de los servicios secretos egipcios y actual vicepresidente, nombrado hace apenas un par de semanas.

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La forma en que salió Mubarak, un día después de haber dicho que se quedaba, es posible síntoma de divisiones en el interior de las fuerzas armadas.


Las protestas ya lograron lo más fácil y lo único que los unía a todos, la salida del “rais”. Dado lo fluido de la situación en la calle y la falta de un liderazgo unificado, está por verse si con esto se pone fin a las protestas o si, por el contrario, la renuncia de Mubarak estimula más exigencias sin que los manifestantes se dispersen a sus casas. Cuando una población largamente reprimida obtiene concesiones de libertad, lo único que a veces se logra es que, envalentonada por el triunfo, exija más.


Con la renuncia de Mubarak, no anunciada por él sino por Suleiman, se da comienzo a un turbulento periodo donde distintos grupos de interés buscan hacerse a un lugar en las difíciles negociaciones que comienzan para definir el futuro de la nación. Sin duda, durante este periodo de transición aflorarán las divisiones y diferencias tanto en el interior del régimen, léase ejército, y élites, como de los manifestantes y diversos grupos de oposición.


El objetivo primario de esta transición es redactar una nueva Constitución democrática e incluyente. ¿Quiénes harán y cómo este proceso?  ¿Será un grupo de intelectuales autoinvestidos?, ¿será una constituyente elegida por el pueblo o será el ejército?, ¿qué papel tendrá las organizaciones sociales existentes y los mismos manifestantes en este proceso?, y la pregunta que a muchos asusta: ¿qué rol tendrá la Hermandad Musulmana en la elaboración de la nueva Constitución?


No es posible predecir qué ocurrirá en Egipto ante lo extremadamente frágil de la situación y lo complejo de las interacciones sociales entre grupos, partidos, dirigentes y ciudadanos.


Lo que finalmente resulte de la revuelta popular en Egipto tendrá profundas consecuencias en todo Oriente Medio, pero primeramente en el país que ahora hacen suyo los manifestantes en Tahrir y en el malecón de Alejandría. Lo que ansían, por lo cual han luchado, han estado en la calle una veintena de días y celebraron con júbilo inmortal es un futuro con libertad y dignidad, las cuales les habían sido negadas desde la independencia de esta gran nación.


* Analista experto en asuntos de Oriente Medio

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