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El buen momento de Irán

25 de noviembre de 2014 - 10:00 p. m.

No ha sido un contundente knock out a sus varios enemigos, pero en la turbia y sangrienta contienda geopolítica que se desarrolla en Oriente Medio, Irán aparece como un claro ganador, aunque sin olvidar que lo que hoy es en esa región, mañana no lo es.

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Desde los ataques de septiembre 11, Irán ha visto sus fortunas en la región ascender como espuma. Primero fueron dos vecinos enemigos, Sadam Hussein en Irak y los talibanes en Afganistán, derrocados por las “coaliciones” lideradas por Estados Unidos, lo cual permitió que Irán, especialmente en Bagdad, ocupara rápidamente junto con sus aliados chiitas el “vacío de poder”.

El posterior estallido de la Primavera Árabe ha sido igualmente favorable a los intereses de Teherán, que además se la ha jugado con todo por el régimen genocida de Al Asad en Siria, quien sigue en el poder tras casi cuatro años de guerra.

La irrupción del Estado Islámico con sus rápidas conquistas territoriales en Irak y Siria y su ideología radical suní plantea una peligrosa amenaza para Irán, pero como enviada de Dios aparece la babosa coalición liderada por Estados Unidos contra el mismo Estado Islámico, que claramente favorece a Irán y sus socios chiitas.

Paralelamente, en Yemen, país donde la Primavera derrocó al régimen de Saleh, un grupo de rebeldes chiitas, los houthis, que por años habían sido mantenidos a raya por la aviación de guerra saudita, en una ofensiva relámpago prácticamente han tomado control del país, llevando a un diplomático iraní a jactarse de que “ya tenemos control sobre cuatro capitales árabes: Beirut, Damasco, Bagdad y Sana”.

A la vez que los astros geopolíticos se han alineado a favor de Teherán, en el trasfondo de la turbulencia regional, Irán ha acelerado su programa nuclear con sus miles de centrífugas, reactores secretos no reportados a la AIEA y su sofisticado programa de misiles balísticos.

La reciente extensión de las negociaciones del G5+1 con Irán respecto a su programa nuclear demuestra que occidente está hoy más interesado en lograr un acuerdo que hace unos años, cuando se imponía el camino de las sanciones y el saboteo y en el cielo pendía la posibilidad de un ataque militar masivo a las instalaciones nucleares. Son negociaciones a varias bandas: entre Irán y Occidente, entre Obama y un escéptico Congreso, entre el moderado presidente iraní Hassan Rouhaní y el líder supremo Alí Jamenei, y entre Estados Unidos y sus alarmados aliados en la región, Arabia Saudita e Israel. De ahí la dificultad de lograr el compromiso perfecto que permita emitir el humo blanco. Sin embargo, el escenario de un colapso de la negociación parece ser en este momento el peor para todos, o casi todos.

En el Oriente Medio de 2104, Irán ha logrado ser reconocido y aceptado como un imprescindible factor en la estabilidad regional, algo impensable hace unos años.

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