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El coliseo romano

15 de noviembre de 2011 - 06:00 p. m.

Grecia y Roma, nos han enseñado por generaciones, fueron la cuna de nuestra civilización occidental. Grecia nos legó la democracia, la filosofía, el teorema de Pitágoras y las tragedias. Roma el sistema jurídico, el cristianismo y el senado que ya en aquellos días se había corrompido.

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Grecia nunca retornó a su pasado; por el contrario se convirtió en un país más, viviendo de su nostalgia. Roma, con sus imponentes ciudades estado, rescató a Europa del oscurantismo conduciéndola al Renacimiento a través del arte y las ciencias. Durante la Segunda Guerra Mundial Italia se alineó con Alemania y por pocos años jugó un papel protagónico al lado opuesto de la historia, por lo que, sin embargo, nunca se le pasó cuenta de cobro.

Italia, país de la moda, que nunca abandonó esa vena artística nacida en el Renacimiento, donde se producen los mas estrambóticos automóviles de lujo, joyas, maquinaria, prendas de alta costura y gastronomía de primer orden, pero igualmente país de cuyas entrañas surgió otro producto de exportación, la Cosa Nostra, como muestra de desprecio por la ley y el poder formal.

El país políticamente más inestable y turbulento de Europa, con más de 60 gobiernos desde la Segunda Guerra Mundial. Un primer ministro, Aldo Moro, asesinado por brigadas rojas; otro, Giulio Andreotti, acusado, condenado y misteriosamente absuelto de ser miembro de la mafia, y otro, Benito Craxi, renunciado por corrupción y prófugo. La operación Manos Limpias, entre 1992 y 1993, envió centenares de políticos y empresarios a la cárcel, acabó con los partidos políticos e impulsó reformas que no parecen haber producido los cambios pretendidos.

En 1994 llegó al poder Silvio Berlusconi, Il Cavaliere, quien desde entonces personifica la política italiana, con sus extravagancias, conflictos de intereses, legislación a su favor, compra de opositores, uso de sus medios de comunicación para destruir a sus oponentes, escándalos sexuales, arrogancia y displicencia ante la ley, demostrando que hay patrones culturales que no desaparecen con reformas constitucionales.

Hasta hace unos días Berlusconi vivía la política desde el coliseo mientras los leones se tragaban a sus opositores, pero finalmente se vio forzado a bajar a la arena, donde fue devorado por una deuda desbordada y un manejo financiero que tienen al país al borde del precipicio, y por la presión de los dueños de la Unión Europea, Francia y Alemania. Ahora le tocará a su sucesor, el banquero Mario Monti, “salvar la patria”, y una vez en las arenas del coliseo no permitir que se lo trague la crisis económica, arrastrando consigo al euro y a Europa toda.

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