Para sorpresa de nadie, con irregularidades y protestas vuelve Vladimir Putin al poder que en realidad no había abandonado, habiendo sido los últimos 4 años, desde su cargo de primer ministro, el poder en la sombra detrás del presidente Dimitri Medvédev, quien asumirá nuevamente el cargo de primer ministro.
Desde tiempos inmemoriales ha optado Rusia por fuertes y duraderos líderes, desde los grandes zares hasta los líderes de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, que no fueron mas que siete en los 70 años que reinó el comunismo.
Putin fue un candidato juicioso, y aunque no participó en debates con los otros candidatos, “porque sus labores de primer ministro no se lo permitían”, desarrolló un plan de gobierno resumido en siete documentos que tratan los desafíos actuales de Rusia: su retraso tecnológico y educativo frente a Occidente, los conflictos étnicos, la seguridad nacional, la economía, la energía, el desarrollo democrático y social y la política exterior.
Rusia, el país más grande del mundo en extensión, doceava economía, noveno en población, con las más grandes riquezas energéticas del planeta entre petróleo, gas y carbón, tiene significativas palancas en los temas más álgidos de la agenda global. Miembro del cuarteto para la paz en Oriente Medio, del G8, del G5+1 y del G20 y aliado en la lucha global contra el terrorismo. Lo que ocurra con Siria, con el programa nuclear iraní y con Corea del Norte, depende en muy buena medida del Kremlin.
Rusia ha decidido proteger su “patio trasero”, a donde la OTAN quería llegar con su agresivo plan de expansión. El apoyo al presidente sirio a pesar de las atrocidades muestra que Rusia no abandona fácil a sus aliados sea cual sea el costo. Su alianza con China, aliada y rival, en temas que preocupan a Occidente, muestra a las claras la intención de Rusia de ejercer su poder e influencia.
Para Putin, una política exterior asertiva puede servir de válvula de escape de los problemas internos: corrupción descontrolada, protestas ciudadanas, acusaciones de fraude electoral, separatismo y una economía estancada.
Putin adopta elementos de la antigua política exterior soviética; sin embargo, lejos estamos de una reanudación de la Guerra Fría, como se ha presentado en algunos medios, pues Rusia comparte intereses con Occidente. Es miembro de la OMC y prefiere la colaboración al enfrentamiento, siempre y cuando sea considerada una igual, no una arrimada.