El encrespado clima tiene en ascuas amplias partes del planeta, desde los colapsados aeropuertos de Europa por la nieve, hasta las lluvias torrenciales que han sumido a Colombia en una catástrofe frente a la cual nuestra precaria institucionalidad no está preparada.
Similarmente, los eventos que están ocurriendo a lo largo y ancho del planeta auguran unos agitados final de 2010 y comienzo de 2011, todo con el trasfondo de los Wikileaks que continúan, gota a gota, perturbando a propios y extraños.
En la península coreana sigue la tensión, las amenazas y las maniobras militares, pero aparentemente la diplomacia se impuso, por ahora, evitando una escalada mayor. Todo a la sombra de la probable transferencia de poder en el norte e incluso el colapso del régimen.
Sudán se apresta para un referendo separatista en el sur cristiano y negro del país, dominado por el norte musulmán árabe. Incierta es la reacción que tendrá su Presidente, acusado por el fiscal de la Corte Penal Internacional (CPI) por el genocidio de Darfur, ante los resultados que muy seguramente apoyarán la secesión y creación de otro atribulado Estado en África.
En Bielorrusia, como era de esperarse, las elecciones generales de hace unos días mantuvieron en la presidencia a Alexander Lukashenko, amigo de Chávez, quien ha estado en el poder desde hace 16 años. Ni las masivas manifestaciones contra el gigantesco fraude ni las protestas de la Unión Europea tendrán efecto alguno sobre el dictador y sus políticas.
En el conflicto palestino-israelí, ante el estancamiento de las negociaciones, el primer ministro de la Autoridad Nacional Palestina, Salam Fayad, está promoviendo el reconocimiento diplomático del Estado palestino, algo que logró en las últimas semanas por parte de Brasil, Argentina, Uruguay y Evo, agregándole más incertidumbre a este centenario conflicto que ha eludido toda solución.
En Venezuela, el teniente coronel se autoinvistió de poderes omnímodos ante la llegada de la nueva Asamblea Nacional, en la cual perdió la mayoría calificada, de la cual gozaba y manipulaba a su antojo en la saliente. Vienen días difíciles para la República Bolivariana y su ruinoso modelo económico.
El año que termina le transfiere al siguiente varios conflictos sin solución: el programa nuclear iraní continúa raudo hacia la obtención de capacidad bélica; Líbano, al borde de un estallido por la inminente publicación de los resultados de la investigación sobre el asesinato del ex premier Rafik Hariri que acusaría a Siria y Hezbolá; México, desangrándose en su guerra contra el narcotráfico; África, como hace decenios, martirizada por corrupción, enfermedades, pillaje, violaciones, elecciones inútiles y guerras, y Pakistán y Afganistán en las mismas.
Con la salida del sol el 1° de enero, Colombia ocupará su silla en el Consejo de Seguridad de la ONU y Dilma Rousseff la suya en Planalto. Y a los lectores de El Espectador, y a aquellos que me honraron con la lectura de esta columna, un muy feliz 2011.