El siglo pasado proliferaron en el planeta las insurgencias comunistas armadas.
Algunas llegaron al poder derrocando al gobierno de turno, otras fueron derrotadas, unas más negociaron su desmovilización y dos persisten: Farc / Eln en Colombia y los maoístas en la India. Aunque tenían un común hilo conductor ideológico, había grandes diferencias en los métodos y los objetivos que buscaban. La desintegración de la Unión Soviética y los cambios en China les quitaron el oxígeno a las guerrillas de izquierda, mientras que la revolución islámica en Irán y la derrota soviética en Afganistán impulsaron el surgimiento de insurgencias islámicas en Asia, África y Medio Oriente.
Posteriormente, la invasión estadounidense a Irak, las revueltas de la Primavera Árabe, el colapso del Estado nación en Medio Oriente y los estados fallidos en África se han constituido en caldo de cultivo para el surgimiento de grupos islamistas radicales, al igual que el enfrentamiento entre India y Pakistán por Cachemira, el conflicto palestino-israelí y el asunto no resuelto del Sahara.
La guerra fratricida que se ha desatado entre suníes y chiitas es otro catalizador de organizaciones islamistas que se combaten unas a otras. La falla georreligiosa que divide África entre el norte musulmán y el sur cristiano también ha fomentado el surgimiento de organizaciones que, como Boko Haram en Nigeria, hostigan a los cristianos. Las organizaciones islamistas tienen tanto en común como diferencias en sus objetivos, sus métodos y sus alianzas. Varias de ellas son “hijas” de Al Qaeda, que una vez expulsada de Afganistán resurgió como una hidra.
Es necesario diferenciar las organizaciones islamistas armadas de los partidos políticos que, como los Hermanos Musulmanes en Egipto o Al Nahda en Túnez, actúan dentro de las vías institucionales.
En el contexto del conflicto regional en Medio Oriente, varias de las insurgencias islamistas gozan del apoyo directo de estados y fungen como punta de lanza de sus intereses. Hizbolá, movimiento chiita libanés, la más poderosa de las insurgencias islámicas, sirve los intereses de Teherán, mientras que ISIS, que controla grandes extensiones en Siria e Irak, ha sido financiada y apoyada por Arabia Saudita, Qatar y los Emiratos.
Además de Hizbolá, ISIS y Boko Haram, Hamás, Al Shabab, AQIM, Abu Sayaf, los talibanes, Al Mahdi, Al Nussra, Yihad Islámica, Lashkar-e Taiba son en la actualidad algunas de las más activas organizaciones islamistas radicales. Un galimatías de larga duración.