Poco le faltó a Salvador Sánchez Cerén, curtido excomandante guerrillero y candidato de la otrora poderosa guerrilla salvadoreña del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN), para obtener la Presidencia de El Salvador en los comicios celebrados el domingo 2 de febrero, algo que seguramente logrará en la segunda vuelta electoral del día 9 de marzo.
El proceso de paz de El Salvador es considerado un modelo de éxito. Tras años de guerra civil, la guerrilla del FMLN y las élites gobernantes llegaron a la conclusión de que militarmente no se podía lograr más. Estados Unidos, soporte de los gobiernos militares, cambió su postura y se convirtió en un mediador efectivo; la guerra terminó y la paz se firmó, con todos los elementos que se deben tomar en cuenta al momento de dar fin a un prolongado y cruento conflicto: justicia transicional, integración de la guerrilla en las fuerzas armadas, desmantelamiento de los comandos militares involucrados en crasas violaciones de los derechos humanos, supervisión internacional y redistribución del poder político.
Sin embargo, la polarización entre la derecha radical, representada en Arena, y la izquierda continúa, a pesar de que estando en el poder no son muy diferentes uno de otro. El grave problema de la inequidad, azote de nuestros países, no ha visto una mejoría sustancial, una de las razones por las cuales el anterior conflicto político mutó en uno muy complejo de bandas criminales, las maras, que agrupan a los marginados de la sociedad que, aprovechando la debilidad del Estado, han creado un reino de terror que no vislumbra salida política. La paz salvadoreña no afectó a las anteriores élites económicas; creó pequeños espacios para unas nuevas y dejó a la gran masa marginada, tal como era antes de la Paz de Chapultepec.
El FMLN, en la Presidencia desde 2009 con Mauricio Funes, ha sufrido en carne propia las “limitaciones de poder”, que impiden que los modelos económicos se puedan modificar radicalmente, por lo que la redistribución del ingreso, base de su ideología, se debe hacer dentro del sistema capitalista, de libre mercado y bajo la inquisidora mirada del sistema financiero internacional.
Solamente a través de un sistema impositivo funcional y equitativo y un gasto público que privilegie educación y salud se puede “aplanchar” la pirámide social, y es en ese punto donde las élites anteriores y algunas de las nuevas no están dispuestas a poner de su parte.
Si Sánchez Cerén llega a la Presidencia en la segunda vuelta, enfrentará las mismas limitaciones que su antecesor.
Lo que puede hacer es dar pequeños pasos, sólo pequeños pasos.