El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

La primavera que no ha sido

15 de agosto de 2013 - 05:06 p. m.

La construcción de Estado y democracia es un proceso social que dura décadas, si no generaciones. Es turbulento, habitualmente bañado en sangre y sin una clara hoja de ruta. Europa demoró siglos en construir sus estados y sus sistemas democráticos sobre los cadáveres de millones y las ruinas y la destrucción de su geografía.

PUBLICIDAD

A raíz de lo que ocurre en Egipto se cuestiona si la Primavera Árabe, que comenzó hace dos años con tanta fanfarria mediática y que despertó tan grandes esperanzas en la población, fenece en medio de la barbarie en Siria o la violencia en El Cairo.

La respuesta no es simple, pues se trata de un proceso que tardará años en decantarse y en el que lo evidente en esta etapa es la escasez de tolerancia en las fuerzas centrípetas que tratan de determinar el futuro de la nación.

En realidad, el ejército que detenta el poder desde 1952 nunca lo cedió y la Hermandad Musulmana, principal agrupación política del país, una vez obtuvo la Presidencia en las elecciones del año anterior, lejos de hacer intentos por crear un modelo político incluyente y democrático, trató de quedarse con todo. Esto fue evidente en la aprobación a pupitrazo y con referendo “modelo soviético” de la Constitución; del intento del presidente depuesto, Mohamed Mursi, de arrogarse poderes supraconstitucionales, y de la exclusión absoluta en su gobierno de las fuerzas políticas que participaron en las manifestaciones de Tahrir.

Esto, sin tocar el poder del ejército y la burocracia estatal que estaban al acecho, y con la economía en picada y la situación social sin mejora alguna, hizo que apareciera el movimiento Tamarod —“rebelión”— que le dio “legitimidad popular” al golpe militar del 3 de julio pasado.

Golpe es golpe, cualquiera sea el eufemismo con el que se lo quiera caracterizar. El ejército golpista no puede aparecer débil o sin tener el control de la situación, por lo que ante las reiteradas negativas de los Hermanos Musulmanes de dispersar los campamentos de protesta, decidió actuar. La violencia desplegada deja a Estados Unidos, gran patrón del ejército egipcio, sin alternativas buenas y pone en evidencia las vacilaciones y vaivenes de su política en Siria como en Egipto.

Los muertos serán una anécdota en el historial de este proceso que parece haber vuelto al comienzo, o peor incluso, pues en los últimos años de Mubarak había cierta apertura política y democrática, algo impensable en estos momentos. La Primavera Árabe abrió los grifos de la protesta social y la inconformidad con regímenes autoritarios y excluyentes. Esto no ha muerto. Sólo la posibilidad de que los cambios ocurran en esta generación.

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias