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Las siete plagas

28 de octubre de 2014 - 10:23 p. m.

O serán las diez, o quién sabe cuántas las plagas que han azotado a África desde que su historia se escribe, que es cuando los occidentales llegaron a esas tierras.

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Los primeros de ellos provenientes quizás de Portugal, gracias a bulas papales que les asignaron amplios territorios para que propagaran el catolicismo, 800 años después de que los invasores árabes musulmanes se tomaran el norte del continente.

Fueron los portugueses quienes comenzaron el tráfico de esclavos africanos, práctica seguida por ingleses, españoles, franceses y holandeses. Millones salieron encadenados en las bodegas de mercancía de navíos que zarpaban del Atlántico africano para terminar sus vidas en las plantaciones de algodón de Estados Unidos, de azúcar en el Caribe o tumbando bosque en la selva amazónica brasileña.

De la era del tráfico de esclavos, África pasó a la del colonialismo salvaje. Tras la conferencia de Berlín de 1884, las potencias europeas se dividieron el continente, creando los estados-nación sin nación, en fronteras artificiales para legitimar el pillaje de cuanto recurso natural brotaba en el continente. El resultado de Berlín no ha sido otro que estados fallidos, dictaduras y golpes de Estado, guerras entre estados, guerras civiles, conflictos étnicos y religiosos, indescriptibles atrocidades, sequías, hambrunas, pobreza extrema, depredación ambiental y postración.

Y como si alguna plaga faltara, aparece en pleno 2014 la epidemia del ébola, que se ha ensañado hasta ahora con tres países, Guinea, Liberia y Sierra Leona, y golpea las puertas de sus vecinos, mientras que Occidente se blinda.

Sierra Leona, de cuya capital, Freetown, partieron la mayoría de los esclavos, legó al mundo hace apenas una década miles de sus hijos amputados, muchos de ellos niños, producto de una cruenta guerra civil. Sus ricas minas de diamantes se convirtieron en uno de los combustibles de la conflagración que además involucró a países vecinos. Apenas comenzaba el país a recuperarse de la guerra cuando le cayó encima la epidemia del ébola.

En Liberia, tierra de esclavos liberados, muertos por el virus yacen en las calles de su capital, Monrovia, según informes de la Organización Mundial de la Salud. Este país se hizo famoso por su excéntrico dictador —en África todos lo son—, Charles Taylor, condenado por la justicia internacional por fomentar la guerra civil en Sierra Leona y comercializar los “diamantes de sangre”.

En los últimos años, varios países de África han comenzado su arduo camino hacia el progreso y desarrollo gracias a una incipiente estabilidad institucional, mejoras en educación y salud y un significativo crecimiento económico impulsado por la explotación de sus interminables recursos naturales. La siniestra aparición del ébola ancla a la región occidental del continente en un pasado que anhela dejar atrás.

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