Donald Trump ha zarandeado el escenario global, pero los pedazos no han caído aún, no sabemos cuándo ni cómo caerán, y cual será el efecto real en la geopolítica planetaria.
Mas allá de la aparente disfuncionalidad de su administración, a Trump habrá que juzgarlo por sus resultados, no por el apego a viejos paradigmas de política exterior como si estos fueran mandatos divinos, máxime cuando en muchos casos fueron rotundos fracasos.
Al comienzo de su mandato, el mundo ya estaba desencajado, en parte, gracias a políticas erráticas de sus predecesores en la Casa Blanca.
La primera patada al tablero se la propinó Trump al orden comercial, retirando a Estados Unidos del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP) y forzando una renegociación del NAFTA -acuerdo de libre comercio de Norte América- la cual logró en tiempo récord, saliéndose con la suya.
La guerra comercial que ha emprendido contra China contiene un componente geoestratégico que busca subsanar políticas de apaciguamiento de sus predecesores frente a las posturas agresivas de Beijing en el Pacífico. De lograrse un acuerdo entre las dos potencias, Trump podría “sacar pecho”. Respecto a las Coreas, el “affaire” de Trump con Kim Jong-Un podría o no resultar.
El Medio Oriente ha sido un caos desde la irrupción de la primavera árabe. Trump, contrario a Barack Obama, ha asumido una política simple y realista: afianzar las alianzas con los amigos de Estados Unidos sin editorializar sobre derechos humanos o valores democráticos.
Ha mantenido su apoyo incondicional, a pesar de sus andanzas, al príncipe heredero saudí Mohamed Bin Salmán y a Abdel Fatah Al Sisi sepulturero de la corta democracia egipcia. Israel ha encontrado en Trump un gran aliado y el tan anunciado “plan del paz del siglo” entre Israel y Palestina, cuyo primer capítulo tuvo lugar hace días en Bahréin, es una novedosa forma de acometer un conflicto en el que todos los esfuerzos anteriores han fracasado.
La retirada de Washington del acuerdo nuclear con Irán y la reimposición de sanciones están ahorcando la economía persa. Esto podría conducir a una nueva negociación o a un enfrentamiento. Pronostico reservado.
Clamando Washington por el fin de la dictadura venezolana, severas sanciones se han impuesto al régimen de Maduro, se han cerrado los mercados al petróleo y el acceso al sistema financiero, en contravía con la política de Obama que busco infructuosamente negociar. Aunque Maduro sigue en el poder, el desenlace de la crisis venezolana es aún incierto y de caer finalmente el chavismo, Trump podría asumir el éxito.
La Alianza Atlántica, cimiento por décadas de la política americana esta siendo tensionada por Trump por los asuntos de la OTAN, comercio e Irán, sin que esto signifique su final, más un reacomodamiento.
En un mundo en transición, con los valores democráticos erosionados, el nacionalismo exacerbado, organismos internacionales inoperantes, desigualdades rampantes y riesgos acechando por doquier, Trump juega con otras reglas. La incertidumbre es lo único cierto.