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El dilema del poder: dominar o transformarse

30 de octubre de 2015 - 11:18 p. m.

“La pasión de dominar es la más terrible de todas las enfermedades del espíritu humano”: Voltaire.

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Desde que la humanidad se asentó para formar comunidades dependientes de la posesión de un territorio, dominar, tener poder sobre la tierra y los otros, convencer a los demás y tener seguidores es visto como la condición sine qua non para sobrevivir y, más recientemente, para ser exitosos.

Desde los gobernantes más sanguinarios hasta el más sencillo de los habitantes, desde los padres de familia hasta los empresarios, desde el campesino hasta el comerciante, hombres, mujeres niños y niñas sufren de la pasión por dominar. La más destructiva de las enfermedades del espíritu invade de maneras sutiles o evidentes nuestro día a día.

Todos hemos presenciado debates que tienen un libreto conocido: alguien intenta que el otro actúe o piense como “aquel cree que debe ser”.

Las tácticas de convencimiento comienzan con una argumentación racional que prueba que la idea del otro es absurda y si éste se resiste a aceptar, en el mejor de los escenarios pueden llegar hasta un altercado.

Esta práctica se sostiene en la creencia de que frente a una situación sólo hay una propuesta única, no pensamos que una realidad admita diferentes entendimientos y, menos aún, que éstos puedan coexistir.

En la cultura patriarcal y jerárquica casi todos tenemos una buena idea acerca de cómo el de junto tiene que proceder y no estamos dispuestos a que éste haga lo que quiere. En la “buena fe”, estamos seguros de que si no nos hace caso, se va a equivocar y nosotros, seamos sus padres, sus amigos o sus compañeros, no lo podemos permitir. Es claro, dominar al otro nos da un lugar de poder que suponemos se requiere para ser “alguien”.

En este escenario no notamos que el único poder que la existencia nos demanda es el de ser dueños de nuestro destino y que sólo el manejo de las propias emociones y pensamientos nos permitirá crear una convivencia humana que trascienda la escasez y salude la abundancia.

Si tenemos el poder para transformar nuestra conciencia, si nos empoderamos para transformar la codicia en generosidad, si nos apropiamos de la angustia para transformarla en creatividad, nos habremos liberado de las garras de la pasión por dominar y conoceremos un mundo en paz donde la generosidad sea el único líder que nos gobierne.

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