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El futuro: ¿Prosperar o Acumular?

14 de octubre de 2020 - 10:57 a. m.

Enfrentamos la crisis económica mas severa del último siglo y aún tenemos dificultad para distinguir entre progresar y acumular.

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En los graneros del Inca se guardaban las cosechas recogidas en sus dominios, el “ministro de economía” del imperio debía garantizar con su propia vida que estas serían repartidas entre los habitantes, de forma tal que ninguno de ellos pasara hambre. Este relato confronta los valores con los que hoy día administramos lo producido en el país y, en el planeta.

Herederos de las formas de pensamiento y de los hábitos convivencia de los colonizadores, nos parece tan natural como a ellos “obedecer a un soberano”, que se permite acumular lo producido por los vasallos, en “sus dominios” y, de ñapa cobrar impuestos que ahoguen las posibilidades de progreso de sus sometidos.

Todo esto con el objeto de financiar sus intereses personales y su lujoso estilo de vida, en sencillo se acumulaba sin que los pobladores progresaran. El recaudador real, a diferencia del ministro de economía del Inca, pagaba con su propia vida si los recursos que el monarca acumulaba para su “extravagancia” no llegaban a sus arcas.

A los seres humanos nos ocurre que las costumbres que heredamos, en las que crecimos terminan por parecernos normales y aceptables. Así, hoy en día, los habitantes del siglo XXI en la era de la innovación y de los avances tecnológicos mas prometedores para la humanidad y, enfrentando la crisis económica mas severa del último siglo generada por la pandemia, aún tenemos dificultad para distinguir entre progresar y acumular.

Consideramos admirables a todos aquellos que han tenido la astucia de acumular bienes y servicios para exhibir un estilo de vida extravagante y/o lujoso, creemos dignos de reverencia a todos aquellos que han logrado con picardía o trabajo ocupar posiciones de “poder” donde, aunque se autodenominen democráticos, se decide al mejor estilo de la monarquía, los destinos de las mayorías.

Mayorías que sobreviven con limitaciones materiales y espirituales y, obviamente con muy pocas alternativas de vivir dignamente. Lo mas grave, sin oportunidades educativas que les permitan desempeñar trabajos autosuficientes y realizantes.

Que formidable sortilegio el que nos oscurece la conciencia, nos aferramos a vivir bajo las reglas del paradigma de escasez que privilegia la acumulación e imaginamos que compartir no es un imperativo ético sino una generosidad que algunos utópicos ejercen.

Sometidos a la ceguera del paradigma de escasez todavía nos convencemos de que es la habilidad y pericia o la divinidad y, no el sistema social y legal el responsable de que el 90% de los bienes y servicios que el planeta y la humanidad producen esté en manos de menos del 5% de la humanidad.

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Si lo que se produce en el planeta se administra con arreglo a la ética será suficiente para construir una nueva normalidad en la que toda la humanidad prospere.

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