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El liderazgo nos compromete a todos

29 de mayo de 2009 - 10:30 p. m.

Todos podemos reconocer que la sociedad en que vivimos es el resultado de la fuerza que surge al poner en contacto la búsqueda de sentido de vida, el cambio y el liderazgo.

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La pregunta que nos ocupa a todos en las conversaciones formales e informales es: ¿Estamos participando en la construcción de la sociedad en la que queremos que nuestros hijos vivan o estamos dejando que ellos, los líderes, lo hagan por nosotros?

La vida social, por ejemplo, en las sociedades monárquicas surgirá de valores y sentidos diferentes de los que caracterizan la convivencia en sociedades democráticas. En consecuencia el liderazgo en la monarquía define los mutuos derechos y deberes del líder y sus seguidores de manera distinta a como ellos se dan en el orden democrático.

Pero, al parecer, en nuestro medio todavía los líderes de la democracia representativa actúan más como descendientes de las tradiciones monárquicas que como los visionarios de una democracia participativa.

Y es que, en nivel de lo social nos hemos convencido de que es más útil que la función de liderazgo sea desempeñada por algunos pocos, mientras que las mayorías se sitúan en el lugar de los seguidores. Con base en esta definición hemos logrado atravesar la historia desde la conquista hasta la república.

Pero, nuestro país hoy al borde del colapso debe buscar nuevas definiciones, cambiar y trascender las estructuras que detienen su desarrollo y la conducen hacia la autodestrucción. La prosperidad, la productividad y el bienestar serán, más que nunca, variables dependientes del estado interno de los seres humanos, de su capacidad de dar lo mejor de sí mismos, para reconocer que la función de liderazgo la ejercemos todos, que es preciso trascender los efectos negativos que tiene la relación de dependencia entre líderes y seguidores.

Contribuir, participar, progresar, producir y servir son las acciones que sostienen viva la función de liderazgo que nuestros hijos necesitan y hacen de ella un estilo de vida, una cultura que puede responder a la búsqueda de sentido del hombre moderno que participa en la creación de su propio futuro.

 

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