Los procesos de cambio en las relaciones sociales, ya sean familiares o internacionales, se originan en la humildad de reconocer que lo que hacemos no es suficiente para resolver lo que nos ocurre.
En estas circunstancias, surge una idea distinta que busca abrir caminos. Hoy necesitamos construir un mundo donde la responsabilidad social y la sostenibilidad sean las protagonistas. Además, superar las creencias que nos invitan a imaginar que el autoritarismo forma seres disciplinados; o que es legítimo un planeta donde la arrogancia divide a los seres humanos en dominantes y dominados.
La transformación emocional que nos conduzca a la solución de esta inequidad sólo se convertirá en realidad cuando la humildad, el manejo creativo de la adversidad y la celebración de las diferencias nos ocurran con más frecuencia que la arrogancia y el miedo.
Así, por ejemplo, cuando la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, dice que “las relaciones asimétricas entre el Norte y el Sur han sido responsables de procesos negativos”, desafía el mundo social y familiar, donde se cree que la asimetría y sus jerarquías correspondientes son necesarias.
Frente a esta propuesta es posible reconocer con humildad que si todos formamos parte del mismo mundo, podemos abandonar las costumbres de construir nuestra autoestima sintiéndonos superiores al otro.
O cuando el presidente Santos afirma por ejemplo que “es necesaria la creación de puentes entre puntos de vista divergentes”, también desafía otra de las nociones sobre las cuales está construida la vida social: la verdad es sólo una.
Nuestro aporte personal a la construcción de un mundo en que la responsabilidad social y la sostenibilidad sean protagonistas, es precisamente transformar consciente y decididamente las emociones que surgen de la arrogancia y el miedo en una humildad que reconozca el valor del lugar del otro y converse creando nuevas realidades.