El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Maternidad, ¿destino o elección?

28 de marzo de 2012 - 06:00 p. m.

Nuestras creencias culturales hacen que la libertad sea una palabra vacía y que, en cambio, la idea de destino adquiera plena significación. Y es que las definiciones sociales sobre el estatus o los roles de género, en muchas ocasiones convierten la vida en algo ajeno a los deseos.

PUBLICIDAD

Por ejemplo, dentro de los indígenas chiapanecas, oriundos de la región de Chiapas en México, sólo si una mujer puede dar vida es considerada un ser humano. De otro modo, no vale nada.

Alejandra Noguez, en la edición del 25 de marzo del periódico El Tiempo, nos cuenta que Adela Ramírez, una mujer chiapaneca de 22 años que había sido expulsada de su comunidad por haber sufrido dos abortos, fue condenada por un juez, en Ciudad de México, a 15 años de prisión por homicidio en parentesco. En el octavo mes de embarazo resbaló por una escalera y cuando recibió atención médica ya era demasiado tarde, “maté a mi hijo”, dijo. Interpretación coherente con las creencias de su comunidad, según la cual ella era responsable por la muerte accidental del hijo.

Para fortuna de Adela, una abogada defensora de los derechos humanos tomó su causa y hoy está “libre”, para asumir el destino de una mujer chiapaneca que no ha dado vida o buscar sus sueños mas allá de las creencias de su comunidad.

En nuestras creencias una mujer no sería condenada por asesinato si pierde en un accidente a su bebé. Pero todavía se discute si tiene la libertad de continuar o no con un embarazo producto de una violación o indeseado por otra razón. También se mira con dureza a la que decide no tener hijos, como si esta resolución sólo pudiera explicarse como una rareza, excentricidad o patología.

Más llamativo aún: se pasa por alto que hay mujeres que “eligen” la maternidad. Para ellas, la autorrealización que sienten viene de su libertad. El compromiso y cariño con sus hijos resulta de su emancipación y no de su sumisión.

Junto a ellas, hay hombres que han elegido la paternidad, que han ido mas allá del destino de ser proveedores, que las acompañan en el parto, en las tareas de la crianza y la educación de la familia, hombres que pueden decir: querer y educar a mis hijos es mi elección, no mi destino.

Para estos hombres y mujeres que están abriendo para la humanidad la libertad de vivir mas allá del destino cultural de los roles de género, toda nuestra gratitud.

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias