ANTANAS MOCKUS NO PUEDE OLvidar que su éxito político de hoy nació de los 1’600.000 votos que logró la consulta verde.
Es fruto del mensaje suyo, pero también de Lucho Garzón y Enrique Peñalosa, de los tres tenores. Ese fue el verdadero palo; el reconocimiento a la capacidad de trabajo en equipo de tres ex alcaldes con peso político y reconocimiento ciudadano que dejaron de lado las vanidades, expectativas y diferencias personales para encontrar mínimos comunes y avanzar. Y les resultó. Mostraron con hechos una manera novedosa y constructiva de abordar y vivir la política, y de formular propuestas, en un país asfixiado por la lucha de egos y personalismos que con frecuencia hemos visto, consiguen matar los ideales.
Los tres tenores caminaron juntos, compartieron escenarios, con alegría y espontaneidad. Sin fisuras aparentes propusieron construir sobre lo construido, como lo habían hecho en sus respectivas alcaldías con avances significativos para Bogotá y que la gente les ha reconocido con su voto de respaldo masivo. Una campaña original en la que fueron capaces de ceder la palabra, en los debates televisivos, sin gazaperas y con gracia. Transmitieron en la práctica lo que predicaban como condición del quehacer público y político: reglas claras, juego limpio, respeto por el resultado. Aceptaron el triunfo de Antanas Mockus la misma noche de las elecciones, quince días antes que la Registraduría lo hiciera oficialmente. De allí la fuerza de la unidad con la que despegó Antanas Mockus una campaña que fortaleció con la rápida adhesión de Sergio Fajardo, antiguo contradictor, como fórmula vicepresidencial. Lecciones que la gente observa y aplaude.
El contraste con el comportamiento de Uribito ha sido evidente. Andrés Felipe Arias es tan mal perdedor, que no sólo no ha cumplido con lo elemental de cualquier jugador, que es acatar con fair play las reglas del juego y los resultados, sino que además de patalear ha buscado insistentemente erosionar y aun dividir su propio partido con el innoble y único propósito de sabotear el triunfo de su contrincante, Noemí Sanín, dificultando el arranque de la candidatura conservadora. Los electores no son bobos, registran, acompañan o pasan la cuenta de cobro ante comportamientos truculentos, como se ha visto en las encuestas.
Sin embargo, a Antanas le ha dado por andar solo, privándose de la rica retroalimentación de sus coequiperos verdes: ¿Qué se hizo la fortaleza que le dan los planteamientos de un Lucho Garzón que hizo de los programas sociales un plan de gobierno, como el de Bogotá sin indiferencia, que incidió drásticamente en la disminución de la pobreza en la capital? ¿Y el aporte de la visión de gerencia pública de un Enrique Peñalosa, capaz de producir resultados eficaces con los recursos fiscales? Mockus no puede dejarse tentar por personalismos mesiánicos, que ya ha tenido en el pasado, y acallar las voces de sus coequiperos. No puede olvidar las lágrimas derramadas cuando consolidó la fórmula con Sergio Fajardo y gritó: la unión hace la fuerza. No puede omnubilarse por la ola verde, pues terminará convertido en un ensimismado Llanero solitario, como se le vio en el último debate de CityTV. Y los electores lo cobran.