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La paz de Jaramillo y la paz de las Farc

08 de marzo de 2015 - 08:29 p. m.

En el elocuente texto del Alto comisionado para la Paz que leyó en el foro “Comisiones de la verdad y procesos de paz”, auspiciado por la Fundación Kofi Annan, Sergio Jaramillo puso sobre la mesa aclaradores conceptos sobre el sentido último de la paz con la guerrilla de las Farc.

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El eje de su intervención giró en torno a este concepto: “El fin del conflicto depende, a mi juicio, de tres cosas: de que lleguemos a un acuerdo razonable en materia de justicia y víctimas; de que lleguemos a un acuerdo razonable en materia de armas, verificación y condiciones de seguridad, y de una voluntad compartida por todos de implementar en los territorios lo que acordamos en La Habana. De estas tres cosas, señoras y señores, depende la paz de Colombia”.

En el mismo escenario, marcado por la presencia del secretario general de las Naciones Unidas en Colombia y después de su encuentro con los negociadores de las Farc en La Habana, los representantes del grupo guerrillero le enviaron una carta abierta en la que dejan sentada su visión de la paz, que dista mucho de lo expuesto por Jaramillo.

El comisionado dice: “Una paz que lleve a cambios reales en los territorios. El Gobierno no se metió en este proceso para dejar las cosas como están. El Gobierno se metió en esto para que entre todos transformemos la realidad. El cambio principal, ya lo dije, es romper el ciclo histórico de violencia y venganza. Para romper el ciclo hay que administrar justicia. No por casualidad, el ciclo de venganza y violencia que describe Esquilo en la Orestiada termina con la creación de un tribunal, que reparte imparcialmente culpas y permite cerrar el ciclo”.

Para Sergio Jaramillo, el ciclo histórico de la violencia no está atado al desequilibrio social que existe en Colombia, que antes que amainarse se ha profundizado, con un coeficiente de Gini que coloca a Colombia como el tercer país más desigual del mundo. Mientras para las Farc éste si está atado a la “espeluznante desigualdad e inequidad social” que buscaron, según le escriben a Kofi Annan, romper con su alzamiento, con la rebelión armada. No lo lograron y por eso están sentados a la mesa. Para conseguir, además de condiciones para la participación política, forzar procesos que impliquen cambios en la realidad territorial donde “con casi 50 millones de habitantes, el 77% de la tierra está en manos del 13% de la población. El 3,6% de estos últimos es dueña del 30% de la misma. Los procedimientos de despojo violento del último cuarto de siglo han desplazado a más de 6 millones de campesinos”. De allí que el primer tema de la agenda hubiera sido precisamente la tierra y el desarrollo rural.

Alrededor de éste y de los puntos que se han tratado en los dos años de proceso de paz hay muchos asuntos pendientes que conforman el llamado “congelador” de La Habana, cuyo listado aparece en este artículo: http://www.las2orillas.co/la-verdad-lo-que-esta-ocurriendo-en-la-mesa-de-la-habana/. Unos pendientes que reflejan precisamente las diferencias que existen entre la paz de Jaramillo y la paz de las Farc.

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