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Las preguntas del profesor Sandel

09 de junio de 2013 - 05:00 p. m.

El filósofo Michael Sandel es el profesor estrella de la Universidad de Harvard, desde su cátedra “Justicia: ¿cómo debo actuar correctamente?”, considerada la más popular en la historia de esa universidad.

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Fue necesario cederle un teatro, el Sanders, para que pudieran asistir los miles de inscritos que terminan sentados en el piso, como se aprecia en los videos de Youtube que han llegado a los 3,5 millones de clics. De su cátedra nació un best-seller de filosofía, del mismo nombre del curso.

¿Cuál es la clave de su éxito docente? Haber recuperado el método del análisis socrático. Construir conocimiento mediante la interacción dinámica con los alumnos a partir de la formulación de preguntas sobre asuntos concretos que llevan a que ellos mismos cuestionen su comportamiento habitual. Sus preguntas sobre hechos concretos de la vida cotidiana llevan a plantear reflexiones de hondo contenido ético y filosófico: ¿qué es actuar bien? ¿Es siempre bueno decir la verdad? ¿Puede que a veces el asesinato sea moralmente necesario? ¿Hacemos lo que debemos? ¿El mercado es justo? ¿Es posible comprarlo todo?

Precisamente de esta última pregunta nació su último libro: Lo que el dinero no puede comprar, donde plantea los límites morales del mercado, cuya dinámica desbocada genera hoy creciente desigualdad y corrupción. Los ejemplos y las preguntas que con ellos plantea son provocadoras, actuales y pertinentes: ¿por qué me salto la cola? ¿Por qué adquiero boletas revendidas? ¿Por qué pago propinas disimuladas para conseguir sitio en el restaurante o en el concierto o para que me atiendan mejor? ¿Por qué pago por la tarjeta militar? ¿Por que le doy unos pesos al compañero para que me deje copiar en el examen y obtener buena nota? ¿Por qué soborno al policía para que no me imponga la multa?

Con esta lista real de pecados cotidianos en que todos hemos incurrido, el profesor demuestra que la vida diaria y común está plagada de pequeñas y rutinarias actitudes ventajistas dirigidas al favorecimiento personal, a costa de trasgredir las reglas de la convivencia social que, llevado al extremo y a asuntos de fondo, derivó en la hecatombe de Wall Street, en la crisis del sistema financiero norteamericano de 2008 con su impacto mundial. Al final del día, los estudiantes terminan cuestionando su propio comportamiento y avanzando socráticamente en una crítica fundamentada y vívida del individualismo cerril imperante y de su poder destructor de la convivencia y de las normas sociales.

Cuánta falta hacen profesores que se liberen del aislamiento y la rutina de la academia y salgan a la calle a buscar los temas de reflexión y pedagogía en nuestra enferma cotidianidad. Maestros capaces de transmitir motivantes lecciones de ética a partir de los efectos socialmente nocivos del “atajo” como medio para llegar a la meta; o del CVY que corrompe la contratación; o del peso siniestro de la mentira en los juicios orales; o de los abusos de poder en el tráfico de influencias para acomodar las decisiones, las públicas y las privadas; o de la violencia como medio para lograr los fines. Comportamientos todos registrados en los titulares de prensa, pero interiorizados y banalizados hasta asumirse como normales o inevitables por la mayoría de colombianos. Qué falta le hacen a una sociedad como la nuestra las simples preguntas del profesor Sandel.

 

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