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Los valores como bandera

18 de abril de 2010 - 10:06 p. m.

LA SEMANA PASADA CON SÓLO UN par de días de diferencia se realizaron en Cali dos actos políticos en la Universidad Santiago de Cali, que resultan reveladores de la dinámica que ha tomado la campaña electoral especialmente de cara a los jóvenes, que suman más de 12 millones de muchachos aptos para votar.

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El miércoles los estudiantes no dejaron hablar a Juan Manuel Santos, lo abuchearon endilgándole los falsos positivos del Ejército y las chuzadas del DAS, obligándolo a salir escabullido por una escalera de emergencia, protegido por sus escoltas. Revivía la historia de enfrentamientos agresivos que recientemente ha vivido el presidente Uribe en escenarios estudiantiles. Dos días después en la misma universidad caleña, Antanas Mockus era recibido como un ídolo, una estrella de rock, un conferencista ilustrado al que cientos de estudiantes escucharon con atención, por no decir devoción.

No estoy segura de que la gente entienda a cabalidad los planteamientos de Mockus, con frecuencia abstractos y difusos, pero lo que se ha impuesto es una actitud que hace que incluso sus silencios dubitativos, desnudos de retórica, calen. Y hondo. Su aire profesoral y un tanto monacal lo han convertido en un símbolo, el símbolo de la transparencia, de la rectitud frente a la corrupción.

Son muchos años de abuso que han ido dejando en sectores ciudadanos, especialmente en las clases medias y en la juventud que conforman la llamada franja de opinión, la necesidad de recuperar los valores de una ética pública. Una coyuntura con semejanzas a la que dio origen al fenómeno de Luis Carlos Galán, quien emergió contra la politiquería y los excesos del estatuto de seguridad del gobierno de Turbay Ayala y el narcotráfico que se asomaba con su poder corruptor. Un porcentaje creciente de la población colombiana empieza a manifestar su hastío, su rabia. Está asqueada de la utilización de los atajos, de las trampas, mentiras y marrullas para conseguir resultados inmediatos. Está asqueada de las roscas alrededor de los privilegios, del manejo del dinero público como un botín privado, de la manguala y las transacciones con prebendas y favores del Ejecutivo con la clase política. De la satanización al contradictor; del abuso de poder, producto de la entronización de funcionarios, sin controles ni vigilancia, aprovechándose de las mayorías legislativas y del desmonte del sistema de pesos y contrapesos.

La gente quiere un cambio. Y ese cambio, con excentricidades incluidas, lo encarna el profesor Mockus, apoyado por su vicepresidente, Sergio Fajardo, y de allí su vertiginoso ascenso en las encuestas. Miles de jóvenes empiezan a expresarse con su vitalidad volcada a la calle, activos en la internet con las redes sociales, multiplicándose. La aproximación de los electores hacia él es emocional volviéndose imbatible con la sola argumentación racional o programática. Los gestos y los símbolos a veces comunican mucho más que mil palabras o el más sesudo de los racionamientos, y en esto, Antanas Mockus es maestro. Se trata de un reclamo ciudadano de naturaleza ética, con el cual está sintonizado Antanas Mockus y que puede crecer como bola de nieve. Imparable.

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