El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Por qué esta guerra se tiene que acabar

23 de febrero de 2014 - 11:00 p. m.

ACABAN DE APARECER CON EL SEllo Aguilar las memorias de León Valencia: Mis años de guerra, publicadas por primera vez hace cinco años en Norma.

PUBLICIDAD

Con una prosa llena de fuerza, sin ideología ni retórica justificativa, León narra la vida vivida, desde la cotidianidad de la selva hasta los recorridos por los vericuetos urbanos cumpliendo planes de guerra. Detalles que dan claves para entender la génesis de su personalidad, su capacidad de asumir riesgos, pero también de entender realidades complejas, como la suya y la de los demás. En su diferencia.

Este libro es una respuesta a muchos, empezando por el expresidente Uribe, que le han increpado su pasado para con ello intentar descalificar sus convicciones y sus posiciones críticas; su ojo avizor. Una respuesta a quienes han buscado satanizar, inútilmente, las investigaciones sobre la parapolítica que ha realizado junto con Claudia López —quien aspira al Senado “para dar la pelea desde adentro y no dejarle el espacio a los bandidos”—, con las que generaron una verdadera hecatombe política que desenmascaró la complicidad con los grupos de paramilitares de al menos el 30% del Congreso elegido en 2002 y destapar la agenda que intentó imponerse en las elecciones que llevaron a Álvaro Uribe a la Presidencia.

Pues sí, en Mis años de guerra, León Valencia cuenta su entrada en la guerrilla del Eln, la vida en el monte, aquello que vieron sus ojos, pero también lo que sintió su corazón. Su presencia en la dirección nacional del Eln, los debates internos y los enfrentamientos con la terquedad imposible del Cura Pérez, los sueños que terminaron en la frustración que lo impulsó, junto a un grupo importante de compañeros de guerrilla, a crear la disidencia conocida como la “Corriente de Renovación Socialista” y que terminó en un acuerdo de paz en el gobierno de César Gaviria.

Con crudeza, aparecen muchos de esos momentos de degradación de toda guerra, del azaroso olvido de la condición humana, pero también otros, llenos de humanidad, de ilusiones y desencantos, de luchas justas y atropellos arbitrarios y violentos. Un recorrido por tres décadas de la historia de Colombia, desde finales de los años 60 hasta los 90, vistos desde la otra orilla, la de la rebelión contra unas instituciones que no daban, no dan, respuestas a las demandas y necesidades, especialmente de la gran población que habita el campo colombiano. Una realidad vista desde el sudor y la tenacidad de la gente del suroeste de Antioquia, de los Montes de María y de las sabanas de Sucre, una historia contada desde la óptica de los derrotados.

También están en estas memorias los sacerdotes y monjas seguidores de la teología de la liberación radicalizados en su lucha por justicia social y los debates en el interior del movimiento guerrillero, y las consecuencias trágicas de equivocaciones, como la de la combinación de las formas de lucha sumada al avance imparable del poder corruptor del narcotráfico, con los ríos de sangre de un país polarizado como telón de fondo.

Mis años de guerra explica muchas de las actitudes de León Valencia, pero sobre todo su convicción mayor, vuelta casi obsesión: la urgencia de poder ponerle fin al conflicto colombiano.

Conoce más
Ver todas las noticias