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Angelino busca quien lo quiera

27 de diciembre de 2014 - 09:00 p. m.

Si alguien ilustra bien la tesis de que es más fácil entrar en la vida pública que salirse de ella, es el exvicepresidente Angelino Garzón.

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 Desde hace meses anunció que quiere ser alcalde de Cali o de Bogotá o incluso presidente de la República —de lo que sea con tal de no abandonar la arena política—. Lo reiteró en una carta abierta el 24 de noviembre y de nuevo el martes 16 de diciembre en un mensaje por Twitter. Garzón no da tregua a sus aspiraciones políticas, no logra saciar su apetito de poder.

El problema es que sus deseos enfrentan varios obstáculos. El primero, el concepto del Consejo Electoral según el cual solo puede ser candidato con el aval de La U, porque de lo contrario incurriría en doble militancia y quedaría inhabilitado, pues no renunció al partido con la debida antelación. Tampoco podría inscribirse con firmas, porque la prohibición no es solo para militar en otros partidos, sino para inscribirse por otros movimientos políticos. El segundo obstáculo es el portazo de La U, que si bien le dio el visto bueno para ser vicepresidente en 2010, hace unas semanas le hizo saber que no ha llegado la hora de los avales y que cuando llegue, para obtenerlo tendría que estar inscrito en sus filas, requisito que no llena. Angelino se quitó la camiseta del partido recién terminado el mandato, entre otras razones para no sentirse compelido a apoyar la reelección de Santos.

Pero ni lo uno ni lo otro lo convencen de tirar la toalla. Ha dicho que seguirá esperando con paciencia la decisión final de la dirección colegiada del partido. Un coqueteo vergonzante, suplicante, que raya en la indignidad, y que ha adobado con reuniones con concejales de la bancada de La U de Bogotá y con consultas a abogados en busca de argumentos jurídicos para jugarse la carta de los derechos humanos, carta que destapó cuando conoció el concepto del Consejo Electoral y que volvió a poner sobre la mesa en su mensaje del 16. Considera que la decisión atenta contra los derechos de elegir y ser elegido y de militar en cualquier partido legalmente constituido. Una amenaza velada de que si su aspiración sigue encontrando tropiezos, podría llevar su caso ante la Corte Interamericana de DD.HH. para pedir —al estilo Petro— medidas de protección.

Mientras tanto, mientras llega el 15 de mayo, fecha que ha fijado para anunciar al fin a qué le apuesta, juega en forma ladina con la ambigüedad, la demagogia y el populismo, en espera de que se despeje el panorama electoral y de cotizarse ante La U para ganar su bendición, pese a las heridas que dejó y a las resistencias internas, en especial la del senador Roy Barreras, miembro de la dirección y rival político en el Valle. Angelino tiene un chance alto en Cali, donde sondeos preliminares de la firma Cifras & Conceptos lo registran punteando muy por encima del resto de aspirantes, algo que sin duda puede capitalizar La U, que por primera vez podría llegar al gobierno de una ciudad grande. Y en Bogotá aparece de segundo en la intención de voto, pero sus posibilidades no son tan claras, pues no haber apoyado la reelección le puede costar caro. No importa, seguirá haciendo cálculos, tocando puertas, buscando quien lo quiera.

Angelino Garzón pertenece a esa clase de políticos que consideran que retirarse no es una opción, que la edad no es límite para dar un paso al costado. No piensa que salir del escenario en forma controlada es también una forma digna de ganar.

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