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Atentado aleve

19 de mayo de 2012 - 08:00 p. m.

Empiezo por rechazar el atentado aleve contra el exministro Fernando Londoño, que causó la muerte de dos miembros de su cuerpo de seguridad y dejó decenas de personas heridas.

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Un atentado que fue también contra la libertad de expresión, un intento de acallar a un caracterizado representante de la derecha, de gran valor estratégico, quien esa mañana en el editorial de La Hora de la Verdad —su tribuna de opinión en Radio Súper—, había reiterado sus críticas al llamado marco jurídico para la paz, que esa noche y en contravía de la petición de algunos congresistas de aplazar el sexto debate, fue aprobado en la Cámara de Representantes por abrumadora mayoría como una demostración de que el terrorismo no impone la agenda del Congreso.

Sobre los posibles autores del atentado, se barajan varias hipótesis y la primera que surgió, la más obvia, la que ha hecho carrera y en los últimos días ha adquirido fuerza, compromete a las Farc. De confirmarse, la pregunta es por qué lo hicieron, pues si es cierto que están interesadas en una negociación de carácter político, como lo ha expresado su jefe Timochenko en varias ocasiones, el atentado lo que hace es radicalizar a la opinión y conspirar contra esa posibilidad, sobre todo porque se produce cuando el Congreso da los últimos debates a la plataforma jurídica que, de pasar el filtro de la Corte Constitucional, favorecería a sus líderes con medidas de excepción.

¿Están divididas las Farc, se perdió la unidad de mando y el sector más radical, opuesto a una negociación, es el responsable del ataque terrorista? Según las autoridades, las primeras pistas apuntan al Bloque Oriental, el que estuvo al mando del Mono Jojoy, el que logró importantes victorias en el Meta y potenció el ala más militarista, el que fuera la más poderosa estructura de las Farc y, por consiguiente, el principal objetivo de la política de seguridad democrática de Uribe y el más duramente golpeado. El mismo que en marzo pasado, y como resultado de la nueva estrategia del gobierno Santos, recibió los dos más demoledores golpes de su historia: 70 guerrilleros muertos, entre ellos varios comandantes del Estado Mayor.

¿Fue el atentado un coletazo para demostrar que no están derrotadas? ¿Es parte del ritual cuando se ventila la posibilidad de negociar? Mientras se pasa del campo de la especulación al de las certezas, sólo hay algo evidente y es que, independientemente de quiénes son sus autores, la intención es desestabilizar, amedrentar a la sociedad, nutrir sus miedos y su creciente percepción de inseguridad, y desafiar al Gobierno en la propia capital del país. Más aún, le aporta munición a la ultraderecha, al uribismo radical, a los partidarios de la mano dura y la solución militar, a los opositores del gobierno Santos, encabezados por el expresidente Uribe, que sostienen que el Gobierno bajó la guardia en el combate contra la guerrilla. Ojalá el atentado no se convierta en detonante de una nueva espiral de violencia (las amenazas contra la exsenadora Piedad Córdoba son señales adicionales de alarma).

Cauteloso y prudente, el presidente se abstuvo de señalar culpables, y llamó a la solidaridad, a la unión para cerrar filas contra la violencia. Pero ciego y sordo a ese llamado, y cabalgando sobre el ataque contra uno de sus más conspicuos seguidores, el expresidente Uribe arremetió contra el Gobierno y trinó: “Bogotá en sangre y el gobierno clientelista presionando a la Cámara para aprobar la impunidad y elegibilidad de los delitos atroces”. Qué mezquindad tratar de sacar réditos políticos de un atentado terrorista.

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