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Chávez, con el Cristo de espaldas

12 de noviembre de 2011 - 08:00 p. m.

La enfermedad del presidente Chávez es hoy el centro de gravedad de la política venezolana, con el agravante de que nadie sabe a ciencia cuál es la verdad.

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A diferencia de los presidentes Dilma Rousseff y Fernando Lugo, también tratados por cáncer, que dejan en manos de los médicos la información oficial, el venezolano controla y manipula los reportes sobre su salud. Se declaró curado pese a que la experiencia científica indica que no es posible hacer tal afirmación antes de entre dos y cinco años de finalizado el tratamiento, lo cual ha contribuido a alimentar los rumores en el sentido de que el cáncer no está controlado como él asegura.

¿Tiene Chávez los días contados? La pregunta no sólo apunta a si estará en condiciones de buscar la reelección, sino a la de si podrá sobrevivir al desgaste natural de 13 años de gobierno, a innumerables promesas incumplidas y corrupción rampante, al creciente malestar social y al avance de la oposición que, por primera vez, constituye una amenaza. El Gobierno viene en baja (63% en las presidenciales de 2006, 54% en las regionales de 2008 y 48% en las parlamentarias de 2010), y aunque esto no se reflejó a manera de espejo en la popularidad presidencial, ésta ha sufrido altibajos y tras un repunte emotivo a raíz de la enfermedad (58,9%), volvió a los niveles los últimos 18 meses (53,1%), según encuesta de Datanálisis de septiembre.

Chávez tiene el Cristo de espaldas. Muchos creen que sigue enfermo y, además, su aún alta popularidad no se traduce en la misma proporción en intención de voto: 37% votaría por él, 31% por la oposición y 32% está indeciso (Datanálisis). De ahí la decisión de moderar el discurso con llamados a sus seguidores para que eliminen divisiones y dogmas, y con anuncios de apertura de su proyecto político a la clase media y al sector privado. Pero la moderación —aseguran analistas— es sólo una vieja estrategia. Ante la pérdida de apoyo popular, el truco es apelar a la clase media y a los independientes que representan la tercera parte del electorado. Una estrategia que combina con la utilización de las instituciones para interferir en el proceso electoral y ponerle obstáculos a la oposición, y de la cual forman parte la descomunal multa de dos millones de dólares que el Consejo de Televisión le impuso a Globovisión, y el fallo del Tribunal Supremo de Justicia que le restituye el derecho de participar en política al exalcalde del Chacao, Leopoldo López, como ordena una sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, pero al mismo tiempo le mantiene inhabilidades administrativas.

Los cambios son de forma, la agenda política es la misma. Pero, por primera vez, Chávez no parece invencible: no registra una mayoría clara y medio país quiere rectificar el rumbo. Munición no le falta a la oposición —reunida en la Mesa de Unidad— para atacar la gestión del presidente: la pobreza aumentó de 19,1 a 20,1% entre 2009 y 2011; la importación de alimentos se multiplicó por ocho entre 2004 y este año; la inflación es de 31%; hay crisis vial, energética, de vivienda (sólo ha entregado el 11% de las viviendas que prometió para este año), carcelaria y de salud, y la inseguridad se cobra 20.000 muertos al año…

El reto es, entonces, lograr que el candidato que gane las primarias del 12 de febrero saque una votación lo suficientemente sólida que le permita conjurar cualquier apetito de poder que pudiera conspirar contra la unidad y consolidar un programa no polarizante para resistir el embate del chavismo, que intentará minimizar la enfermedad del presidente y aumentar el gasto público para mostrar eficiencia.

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