Cuando Antanas Mockus volvió al ruedo para aspirar por tercera vez a la Alcaldía de Bogotá, las apuestas iban en contra suya.
Las predicciones apuntaban a que no saldría bien librado en las encuestas, a que los electores le iban a pasar cuenta de cobro por abandonar las toldas verdes e insistir en recuperar el timón de la capital —dejó la sensación de que su retiro no había sido tanto un asunto de principios como un acto de soberbia y ambición personal— y a que incluso muchos de los que consideraron coherente su decisión de no apoyar a Enrique Peñalosa, motivo abrazo de Uribe, iban también a castigarlo por las ambigüedades y los desaciertos que lo llevaron a despilfarrar en la segunda vuelta presidencial el enorme capital político registrado en la primera.
Las predicciones fallaron; el castigo no fue de las dimensiones esperadas. Sin embargo, su regreso a la arena política no ha estado acompañado por el aura de anteriores campañas; ya no sorprende, ya no es una bocanada de viento fresco en la política, aunque conserva intacto parte de su prestigio y registra niveles de aceptación no despreciables en medio de un abanico de candidatos con algún potencial. Aparece en la tercera casilla de las encuestas Ipsos-Napoleón Franco de junio y agosto con 11 y 12% de favorabilidad respectivamente, después de Peñalosa y Gustavo Petro, que mantienen la más alta intención de voto, aunque el segundo parece avanzar más que el primero: Petro remontó 11 puntos (de 11 a 22%), mientras Peñalosa sólo repuntó seis (de 16 a 22%).
La tercera candidatura de Mockus, avalada por la Alianza Social Independiente, no luce muy atractiva, pero aún así el exalcalde sigue siendo competitivo. Les ha quitado espacio sobre todo a Gina Parody, Carlos Fernando Galán y David Luna, y si bien no parecería tener posibilidades de meterse por el camino del medio y convertirse en el tercero en discordia capaz de aglutinar el voto independiente con una estrategia que sitúe a Peñalosa a la derecha y a Petro a la izquierda, tiene margen de maniobra y poder de negociación. Podría definir el cabeza a cabeza Peñalosa-Petro y convertirse en el factor X que incline la balanza a favor del candidato de los Progresistas.
A dos meses de las elecciones, todo indica que la Alcaldía de Bogotá estará entre Peñalosa y Petro, y que se definirá por un bajo número de votos dada la atomización del escenario político. Parece haber llegado el momento de las alianzas y de ahí que crezcan las expectativas de que aquella que no pudo ser en las elecciones presidenciales, se haga realidad en esta ocasión. Mockus dejó abierta esa opción en una entrevista que le dio a Antonio Morales el miércoles pasado en El Radar, de Caracol. Cabe recordar que antes de oficializar su candidatura, Petro lo invitó para que se vinculara a los Progresistas, el movimiento que fundó tras su salida del Polo, y que el exalcalde en varias ocasiones se ha mostrado favorable a construir con él un propuesta política conjunta.
La alianza de estos dos candidatos de opinión, que carecen de estructuras partidistas y de maquinarias políticas, podría derrotar a Peñalosa, que parece haber tocado techo. Pero Mockus no se destaca precisamente como buen coequipero, no es, como el Pibe Valderrama, un armador de equipo, ni se caracteriza por haber tomado decisiones políticas estratégicas. Con él todo es posible, todo es incierto, y por eso en la puerta del horno puede quemarse el pan y por ahí derecho su futuro en la política.