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Peñalosa, vientos cruzados

22 de marzo de 2014 - 10:00 p. m.

Enrique Peñalosa es un tipo raro, contradictorio. Tanto, que sus detractores —que no son pocos, incluso entre sus copartidarios— lo descalifican, unos porque lo consideran de derecha y otros porque lo ven sesgado hacia la izquierda. Cierto lo uno y lo otro, pues al tiempo que es amigo de la mano dura en seguridad y defensor del modelo capitalista y la inversión privada, su apuesta es por la igualdad y la inclusión social, y no teme afectar poderosos intereses.

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Es un tipo raro Peñalosa, pues, cosa poco frecuente en los políticos, cree en lo que cree y dice lo que piensa sin hacer cálculos, sin medir las consecuencias. Fue precisamente lo que le costó la Alcaldía de Bogotá frente a Gustavo Petro: aceptar el apoyo de Uribe asfixió sus aspiraciones y además dividió a los verdes. La escisión se mantiene en la Alianza Verde, un matrimonio por conveniencia con los Progresistas que, adueñados del partido, le dan palo e hicieron todo lo posible para impedir su candidatura.

Pero el rechazado exalcalde tiene ahora su encanto, el que le dan los dos millones de votos de la consulta y los resultados de las recientes encuestas que lo muestran con posibilidades de pasar a segunda vuelta. Por eso, copartidarios que antes le hacían el feo se han subido o están pensando en subirse al bus de la campaña. Según La Silla Vacía, de 19 candidatos de la alianza que buscaron llegar al Senado, ocho —incluidos los cinco elegidos— están con él, seis no descartan apoyarlo y uno lo rechaza. Y de los 18 aspirantes a la Cámara consultados, once lo apoyan, dos no descartan hacerlo y cinco dicen no. Como dijo el presidente Santos en frase memorable: “Son imbéciles los que no cambian de opinión cuando las circunstancias cambian”.

Por ahora los vientos son favorables a Peñalosa, que confirma la teoría de que en política no hay cadáveres. Arranca la carrera por la Presidencia con una tendencia ascendente en las encuestas, con la imagen de ser un ejecutor y un político antimermelada —condición que ratificó con la elección de su coequipera, la experta en educación María Isabel Segovia— y enfrentado a contendores que no emocionan. Así lo indican el alto índice de voto en blanco que muestran las encuestas postelecciones (entre el 17% y el 19%) y el alto porcentaje de indecisos (27%) que registra la de Ipsos-Napoleón Franco para RCN y Semana, conocida el viernes. Todo esto en medio de una posición mayoritaria a la reelección de Santos.

Pero no todo es miel sobre hojuelas para el exalcalde. Bajada la espuma del triunfo en la consulta sobre la que cabalgó unos días, deberá aterrizar y enfrentar realidades que conspiran contra sus aspiraciones: la división de su partido, el poco poder que tiene en él, la falta de equipo, el no apoyo de Antonio Navarro —uno de los líderes claves del sector progresista— y el nuevo escenario creado por la destitución de Petro, su contradictor, que primero anunció que se dedicará a promover el voto blanco en nombre de los indignados con la corrupción y la politiquería —parte de la cantera de donde Peñalosa podría extraer votos— y que ahora propone impulsar la convocatoria de una constituyente.

Constituyente o voto en blanco, la posibilidad de una alianza Petro-Peñalosa se aleja, como es probable que no alcance el impulso de Petro en uno u otro sentido para poner en jaque las elecciones. Así las cosas, el reto de Peñalosa es consolidarse como alternativa viable y creíble que interprete y canalice el descontento expresado en el voto blanco que ninguno de los tres candidatos de oposición ha podido capitalizar y que se abra paso entre la polarización de la derecha Santos-Uribe y la izquierda “enquistada” del Polo (así la llamó el excandidato presidencial Carlos Gaviria) y atraiga indecisos, independientes y desilusionados con los candidatos que han venido apoyando. Una propuesta que supone una mirada menos “urbanizada” y menos soñadora, aterrizada con soluciones viables para los problemas que más preocupan a la gente.

 

 

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