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Escarbando

18 de marzo de 2009 - 10:39 p. m.

CUANDO LOS PATRONES DE COMPORtamiento son repetitivos, resulta estéril focalizarse obsesivamente en un solo individuo, como, por ejemplo, el presidente Uribe.

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Que su ejercicio del poder es personalista, cierto; y que ninguno de sus borregos lo contradice, también. Pero en Colombia hay maneras de argumentar que obedecen a la educación, a facetas de la religión que se profese, a la manera de asumir responsabilidades. Pesqué dos casos, polos opuestos, agua y aceite, que  ameritan una reflexión: monseñor Castrillón y Carlos Gaviria. Veamos.

Frase de Castrillón en una entrevista que le hace Andrés Gómez sobre el retorno de los “lefebvrianos”: “No se trataba de  estudiar la vida de estos obispos. Lo único que había que saber es que fue ordenado  por Marcel Lefebvre sin permiso”. ¿Como así? ¿El predominio de la forma sobre el fondo? ¿No importa que el excomulgado Williamson haya sostenido que el holocausto no existió? ¿Tiene esa actitud algo que ver con la del mismo monseñor Castrillón cuando recibió dinero de Carlos Ledher (para los pobres por supuesto) en la ya olvidada Posada Alemana?

Pero en el otro polo tampoco escampa. Frase de Carlos Gaviria, cuando un redactor de este diario le pregunta si será o no candidato en 2010: “No tengo esa aspiración. Dije que no aspiraba a la Presidencia de la República, pero tengo un compromiso con un partido y mi convicción es que a las obligaciones no se puede renunciar. Espero que la candidatura quede en manos de otra persona”. ¿Cómo así? ¿La misma carreta que hemos oído en otros toldos? ¿Es cuestión de sacrificio, de obligación, o es creerse irreemplazable y seguir con el ejercicio personalista de la política?

La ambigüedad (es decir, la incapacidad de que el Sí o el No sean contundentes) y el énfasis en lo formal son maneras de ejercer el poder que contribuyen a la inseguridad democrática y al escapismo. ¿No tendrán que cambiar nuestras reglas de juego sociales, para que, como decimos los cundiboyacenses, las cuentas sean claras y el chocolate espeso?

Uno de los mayores resultados del sistema educativo colombiano es la dificultad de asumir y de relacionar causas y efectos. ¿No será que eso también nos estanca en las diarreas mentales que padecemos y en las que predominan tanto lo formal como lo equívoco?

mariateresaherran@hotmail.com

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