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Escarbando

13 de mayo de 2009 - 09:57 p. m.

“NO NOS ASUSTEMOS, QUE DE PRONto nos llenamos de miedos” le respondió un mexicano a un ignorante reportero que lo acosaba sobre el obsesivo virus.

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¿No es vergonzosa la estigmatización  de lo mexicano? ¿Refleja acaso la “liquidez” que el sociólogo Zygmunt Bauman ha descrito como característica del amor, de la vida misma, de los temores en la sociedad contemporánea?

Colombia estuvo en vilo hasta que… por fin: ¡apareció en Zipaquirá el primer caso  de gripe porcina, alias AH1N1. El país respiró: “clasificábamos” entre países con casos; era un destino inevitable y necesario. Luego vino la pandemia: cerrar colegios, informar que a los portadores se les recluiría, histeria de tapabocas, etc. ¿Por qué todo aquello estremece más que el descubrimiento de las fosas comunes o  los relatos macabros de los ‘paras’?

No se trata de criticar las necesarias medidas de prevención y de aislamiento, sino de analizar la pandemia del miedo en sí, indefinible y difuso. Para Bauman, el terremoto y subsiguiente incendio de Lisboa (1755) marcaron la entrada a la modernidad. La ciencia y no Dios tuvieron que actuar para remediar los males producidos. Como lo describía Voltaire: “El inocente, tanto como el culpable / padecen igualmente ese mal inevitable”. Doscientos cincuenta años después, el miedo   se instala porque la ciencia no es capaz de  evitar los males producidos por ella, por las gallinas y por los cerdos. Ya no hay Dios que valga, que premie a los buenos y  castigue a los malos con la gripe. El azar es rey: ¿a quién le caerá el AH1N1?

Las consecuencias del miedo son mucho más graves que la gripe misma. Para Bauman, que hay que leer para darnos cuenta de la incapacidad de manejar lo desconocido (como la gripe o el terrorismo), una consecuencia es reforzar la seguridad autoritaria y la exclusión.

Pero además, en los países industrializados, el estado de bienestar no logró acabar con el “mal” producido por el ser humano. En los nuestros, ni siquiera cuajó para garantizar salud, educación, progreso. Y ahora nos contagiamos de esos miedos ajenos. Ajenos al paludismo, a la enfermedad de Chagras, a la renaciente tuberculosis, al riesgo incluido en la pobreza y la desigualdad.

Pero tapémonos la boca, que ahora está de moda tenerle miedo a la gripe.

mariateresaherran@hotmail.com.

 

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