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Escarbando

06 de agosto de 2008 - 09:46 p. m.

PARA VARIAR, UN TEMA DISTINTO DE la actual película colombiana Emblemas, mentiras y video: Si hoy, día de descanso, va a llevar a sus hijos de doce años a ver Batman, el  caballero de la noche, ¿se ha preguntado por qué?

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¿Será porque al Comité de Clasificación de películas lo único que le importa es el sexo? ¿Será porque dicha junta se durmió en el final, impregnado de una filosofía de pacotilla, que resuelve a la gringa la compleja teoría del azar y del caos, con lo que busca matizar la más concentrada dosis de violencia jamás vista?

¿Será porque usted se quedó en el personaje de sus comics infantiles? ¿O porque prácticamente todas las reseñas de internet y de los medios, en una alucinante lavada de cerebro, sólo se refieren a que esta película recoge la mayor cantidad de espectadores jamás vista en la historia del cine y nos informan día a día sobre cómo va la competencia con La Momia?

¿Será  porque, como sucedió con el Titanic, Batman es una obsesión mítica para los directores norteamericanos, emanada del tuétano de un capitalismo que sienten  decadente, y cuyo “héroe”,  don Batman,  impecable yuppie de Wall Street, se sacrifica para seguir de justiciero nocturno de  los narcos, corruptos y locos que produce?  

¿Será por la impresionante e insuperable tecnología de efectos especiales que consumimos con la misma voracidad que una hamburguesa, pero tras de la cual ya no aparece Robin y se desvanece la sospecha de homosexualidad entre ambos, victimizando a doña Raquel?

¿Será porque usted cree que su hijo  es inmune a la presión sicológica a la que no resistió Heath Ledger, más allá de su impecable caracterización del Joker?  

Una presión, sin duda, muy diferente de los miedos saludables que provocan la Patasola o los personajes de cuentos de hadas, cuya necesidad reconocía el psicoanalista Bruno Bettelheim. Pero ¿será que, en el caso del Caballero de la noche, usted  la considera benéfica o al menos inocua?

Ojalá no lo motive ninguna de las razones anteriores y que, al menos, le quede la inquietud.

mariateresaherran@hotmail.com

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