El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Escarbando

17 de septiembre de 2008 - 08:44 p. m.

EXISTE EN COLOMBIA UNA POLÍTIca de las “cosas” y una cosificación de la política, y ambas son nefastas.

PUBLICIDAD

Por una parte, los medios radiales y televisivos le dedican una proporción exagerada a lo político, no entendido como el arte de gobernar, sino como el de desgobernar.

Los periodistas cubren la fuente “política” reduciéndola  al Congreso, al Presidente Uribe, y si  acaso a uno que otro ministro, como el inefable y ahora jurisperito Valencia Cossio, o el genial protector de la salud. Y no interesa lo que hacen, sino cómo pelean. Eso se llama, en mediología,  las lógicas comerciales de confrontación.

En el canal institucional se  transmiten ladrillos personalistas y desinstitucionalizantes; y en el del Congreso, sillas vacías  le hacen competencia a intervenciones de plaza pública que espantan al más adicto de los televidentes.

Más allá de los temas habituales  (crisis en servicios públicos, colas, basuras, etc.), quedan entonces por fuera, en lo nacional, el análisis de las políticas públicas y la manera como ellas afectan a los ciudadanos.

Por lo mismo, se refuerzan estereotipos desvalorizantes de lo político como corrupto, ineficiente y burocrático, en vez de resaltar lo fundamental para la democracia.

Por otro lado, secciones como “la cosa política” Vicky Dávila o el “1, 2 y 3” de  Claudia  Hoyos  se han convertido  en la competencia de las niñas pechugonas, pero también, como  su nombre  lo indica, en la “cosificación” y los numeritos de la  política. Es decir, el énfasis  en lo accesorio y no en la sustancia, el rumor en vez de la búsqueda, lo gestual en vez de lo esencial, lo anecdótico  en vez de lo político.  

Las propias fuentes  le hacen juego a la pendejada y, en vez de contestar a lo propio de su cargo, hacen chistecitos flojos que recogen de inmediato los juiciosos    micrófonos, apéndices de sus alelados periodistas.

En todo caso, mucho ruido, pocas nueces, saturación, idiotización de los receptores,  poca responsabilidad social, pero eso sí, el negocio anda muy bien.

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias