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Con esa cuarentena, pa’ qué COVID-19

26 de mayo de 2020 - 12:00 a. m.

Una cosa es el COVID-19 y otra la cuarentena. El virus fue mala pata para el mundo entero (año bisiesto), pero cómo responden los gobiernos no es cosa de suerte.

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A Duque le encanta que mezclemos los dos, porque nos hace pensar que toda la debacle era inevitable. Por eso da pudor decir la verdad: ¿cómo va uno a criticar al Gobierno ante semejante infortunio?

Pero tras más dos meses de cuarentena, después de un sufrimiento desmedido y silencioso de la población, con resultados mediocres y sin estrategia a la vista, basta de recato. El gran daño que está haciendo el Gobierno con su respuesta al COVID-19 no es culpa del virus.

La cuarentena buscaba darnos tiempo para aprestar el sistema de salud. Todo el mundo colaboró. A fin de abril, uno de cada cinco comerciantes estaba pagando nómina de su bolsillo, y otros dos estaban endeudándose con préstamos ordinarios, pues apenas el 6 % había accedido a líneas especiales de crédito. Y cuando el Gobierno se acordó de ellos, tardíamente, el 12 % de los restaurantes en el país estaban cerrando sus puertas*. Además, millones de cuentapropistas no han llevado el diario a sus hogares y miles de inmigrantes venezolanos caminan de regreso a casa.

Tres veces más mujeres antioqueñas, aguantando violencia en casa, llamaron a pedir auxilio; los delitos sexuales aumentaron un 74 % y la Fiscalía reportó 19 feminicidios*. Los niños han resistido en hogares tensos, incluso violentos.

Ni presidentes ni alcaldes agradecen el sacrificio como debieran; al contrario, imponen comparendos y regaños, envían el carro a los patios: la peor cara de perro de la autoridad para los viejos y los niños, la que no les pone a los Urabeños.

Aún hoy, dos meses después, no se vislumbra una estrategia. Improvisación. Cuarentena por 20 días, otros 20, una quincena más, cinco diitas. ¿Qué metas alcanzamos? ¿Qué obstáculo superamos para ir a la siguiente fase? Nada, claro. ¡Ah!, pero sí nos dijo Duque en TV, donde aparece cada semana a darse abrazos de felicitación con la camiseta que lo confirma presidente, que quedamos divinamente como el país más acuarentenado del mundo.

Sin embargo, después de semejante sacrificio colectivo, el sistema de salud tiene aún carencias graves para enfrentar el COVID-19. La mitad de los médicos del país están comprando sus propios elementos de protección personal y el 85 % dicen que no los han recibido aún, según una encuesta de la Federación Médica Colombiana. A pesar de que el personal médico contagiado ronda los 200 miembros, no los están testeando sistemáticamente en forma aleatoria, para evitar mayores contagios, y los implementos de protección son malos e insuficientes*.

El Minsalud, según múltiples recuentos, ha bajado protocolos y guías para el manejo de pacientes e instalaciones sin la suficiente pedagogía.

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Encima, ahora hay pacientes de cáncer que no están recibiendo sus tratamientos, miles de cirugías aplazadas, infartados que piensan dos veces antes de ir a urgencias y, sin pacientes, los hospitales están quebrados.

¿No había otra manera de obtener 5.185 camas de UCI desocupadas en el centro del país —al parecer el mayor logro oficial— que resultara menos onerosa para el capital y el trabajo de los colombianos?

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Cuando, como en Leticia, la cosa se ponga color de hormiga porque solo hemos pateado el contagio a futuro, el Gobierno va a echarle la culpa al virus… y a los ciudadanos de a pie. Ya empezó Duque a sugerirlo: “Lo más importante, más allá de las medidas de gobierno, es también el compromiso y la disciplina ciudadana”, dijo hace una semana, mientras se daba otro abracito de congratulaciones.

* Datos obtenidos por estudiantes de la Maestría de Periodismo de la Uninorte.

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