EN CADA ELECCIÓN CON UN 50 POR ciento de abstencionismo, el lugar común sostiene que por indiferencia, desidia o desconfianza los colombianos no votamos y que por ello nos merecemos nuestra suerte de tener gobiernos tan cuestionados.
Y, en seguida, da la cifra. En 2006 apenas un 29 por ciento de los ciudadanos aptos para votar escogió a Álvaro Uribe. O dicho al revés, un 71 por ciento de los ciudadanos no le refrendaron su mandato ¡Y eso que era tan popular!
El argumento esconde una realidad menos rimbombante: la principal razón por la cual mitad de los colombianos no vota es porque el sistema electoral hace todo lo posible para que no lo haga. El pasado 30 de mayo, diez personas me contaron por qué no habían votado. Cinco tenían sus cédulas registradas en sus ciudades de origen y ahora viven en Bogotá. No tenían suficiente dinero para pagarse un pasaje para ir a votar. Hubieran podido registrar sus cédulas en la capital hace seis meses, pero es que entonces no sabían si habría candidatos que les resultarían interesantes, y ni habían oído sus propuestas ni conocían sus trayectorias.
Otros dos jóvenes, que llegaron a Bogotá hace un par de meses, habían sacado su cédula en su ciudad por primera vez y ésta quedó registrada allí. Otro perdió su cédula y, como tardan meses en darle otra, no pudo votar. Y otro más descubrió que ya no podía votar donde siempre lo había hecho, sino en un puesto al otro extremo de la ciudad, y no supo llegar. Y un último tenía turno de trabajo de 6 a. m. a 6 p. m. y no podía dejar su trabajo tirado. “Trabajo mata voto”, me dijo. Todos reiteraron que tenían gran interés en votar, que no eran apáticos ni resentidos.
Algunos dirán que el asunto de elegir Presidente es delicado y ello impide mayor flexibilidad en el sistema. Falso. Miren los bancos. ¿Es acaso el manejo del dinero de los cuentahabientes un asunto que requiere menos seguridad que las elecciones? ¿Qué tal si sólo se pudiera sacar dinero del banco en la sucursal donde uno abrió la cuenta, o donde uno se registre con seis meses de anticipación al día en que va a hacer el retiro, y solamente lo pudiera hacer en un horario restringido de 8 a 4? Nadie tendría cuentas bancarias.
Para garantizar el derecho universal a elegir Presidente habría que aportar los recursos y la gestión para conseguir que cualquier adulto con una cédula válida pueda ir a un puesto de votación de su conveniencia, donde rápidamente se verificaría que no ha votado en otra parte, y votar, como sucede en Uruguay, por ejemplo.
Sospecho que no hay mucho afán de cambiar. Un Presidente elegido con un tercio de los ciudadanos tiene el mismo poder que uno elegido por una mayoría real. Y además, el ineficaz sistema beneficia desproporcionadamente a las maquinarias políticas. Éstas se aseguran de que sus clientelas tengan las cédulas debidamente registradas donde quieren, las transportan temprano hasta el lugar de votación, les explican cómo votar y hasta les dan almuerzo. El ciudadano libre, en cambio, debe arreglárselas como pueda.
Cuando Colombia resuelva que es un país democrático de verdad, que quiere elegir dignatarios que representen a auténticas mayorías, establecerá un sistema que facilite la participación masiva. Mientras tanto, para que no se le vean los huecos en los zapatos con los que camina, nuestra pobre democracia seguirá culpando a los abstencionistas de sus males o, en el mejor de los casos, apelará a sus conciencias, creyendo que cambiarán un sistema convenientemente obsoleto por pura voluntad individual.