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Venezuela contra el disparate

22 de julio de 2010 - 08:57 p. m.

“YA ES HORA DE DAR UN SALTO EN LA conciencia y en la praxis para proponer un movimiento de masas amplio, diverso, policlasista, genuinamente venezolano y revolucionario”, escribió el columnista de El Nacional de Caracas Alberto Barrera. “El objetivo es uno solo: lograr un inmenso pacto nacional en contra del disparate”.

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La propuesta parece una soberana mamadera de gallo para retratar la polarización de los venezolanos, que según el periodista, dejaron de pensar y entraron en estado de fe ciega en cuanta barbaridad les digan para explicar “la revolución surrealista” de su país. Sin embargo, pensándolo en serio, esa idea de buscar la sensatez en la política venezolana no es descabellada. Ésta incluso puede ser la semilla de un futuro político mejor, que no esté asentado ni sobre el fanatismo chavista, ni sobre la nostalgia de la élite despojada de poder.

Sin duda, la catarata ideológica bolivariana está empezando a quedar desbordada frente a los graves problemas cotidianos de los venezolanos. Y la Mesa de Unidad Democrática (MUD), concentrada como lo ha estado en armar una sola propuesta de oposición a las elecciones de septiembre próximo, no tiene más, por ahora, que una respuesta genérica de atajar a Chávez a toda costa.

Por eso, según las encuestas, alrededor del 38 por ciento de los venezolanos se declaran “ni ni”: ni con Chávez, ni con la oposición. Conforman una mayoría más grande que la que alcanzan chavistas u opositores, cada cual con un 30 por ciento. Y son esos “ni ni” los que pueden empujar a algunas fuerzas políticas hacia un centro que sea capaz de rescatar del chavismo su ideal de igualdad y del antichavismo su defensa de la libertad individual.

Con la popularidad en declive, el régimen bolivariano ha intentado controlar a como dé lugar el resultado de las elecciones de septiembre para escoger candidatos a la Asamblea Nacional, que por default del contendiente se la había quedado toda el oficialismo. A la “gerrymandering” (estrategia bautizada por el gobernador estadounidense Elbridge Gerry), Chávez redibujó los distritos electorales para que los que tienen mayorías suyas elijan más escaños. Así, según el cálculo del periodista político Eugenio Martínez, los nueve estados que concentran la votación opositora y que representan al 63 por ciento del electorado, van a elegir el 53 por ciento de las curules.

El partido reinante enfrentará en estos comicios a la opositora MUD, que según editorializó Teodoro Petkoff, “por primera vez alcanzó un acuerdo perfecto… 165 candidaturas únicas y unitarias en cada estado y circuito”. Además, el Partido Patria para Todos (PPT), que era de la coalición gobernante, se lanzó en tercería independiente a la Asamblea en defensa de la Constitución chavista, porque dice que el régimen la está violando.

Como plan B, por si la oposición se hace sentir en la Asamblea futura, los legisladores están en proceso de aprobar la creación de un nuevo órgano comunal, una especie de Legislativo en paralelo.

Aun así, el descontento de la ciudadanía es enorme. La inseguridad callejera es alarmante, los alimentos escasean ante la desidia de 120 toneladas de comida podrida en los puertos, y las expropiaciones arbitrarias están desmantelando la economía productiva del país. Y si saben responderle con soluciones concretas, con una voz más fuerte y unida en la Asamblea, tanto los opositores como los nuevos que surjan de la dinámica de un gobierno impopular, quizás puedan bajar la política venezolana a la tierra de la sensatez. Es un camino más lento pero más certero para superar la efervescente etapa Chávez de su historia.

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