LOS CORRUPTOS ANDAN TEMBLANdo. Están haciendo maromas y tercerizaciones tratando de ocultar y/o tapar sus felonías. Ni duermen, ni comen: saben que se les avecina su merecido.
Este procurador, quien lo creyera, no se anda con rodeos y ha dado ejemplo de independencia y verticalidad así ciertas posturas camanduleras lo lleven a extremos radicales.
Empero, lo que ha dictaminado frente al carrusel de las contrataciones, y más aún hacia el alcalde Moreno Rojas, es una muestra de que aquí no va a seguir reinando la impunidad y que la justicia, cojeante y todo, llega porque llega.
Por otra parte, lo que se ha destapado en la salud —y que venía denunciándose tiempo atrás— no tiene perdón alguno: jugar con la vida de los colombianos para enriquecer a unas entidades bandidas y de paso embilletar a unos delincuentes de cuello blanco, merece apedrearlos y darles “fuete” antes de encalabozarlos.
Y mientras esto sucede en la otrora intocable capital en donde decían que la provincia era la corrupta, por los otros departamentos y ciudades hay nerviosismo. Si por allá llueve, por acá no escampa, porque ah podredumbre la que se vive, padece y respira en ciudades hoy inmersas en el lodazal de oscuros contratos y convenios de dudosa ortografía en los que mandatarios, secretarios, asesores y por sobre todo concejales, se han unido para asaltar y desfalcar las arcas del Estado.
Sabe el procurador Ordóñez que su ojo avizor apenas está empezando a ver lo que por estos lares sucede y sobre los cuales las “ias” anteriores no habían prestado la atención debida.
Por los lados de Cali y el Valle, dicen que hay mucho por esculcar e investigar. Hay rumores que tienen en vilo incluso a más de una campaña para Alcaldía y Gobernación porque los tentáculos de las corruptelas han permeado a quienes hoy se dan golpes de pecho y dicen cínicamente “a mí que me esculquen”.
Son ellos pues los que tienen las barbas en remojo (hombres y mujeres) y están a punto de lomotil porque el dolor de estómago y el síndrome del calabozo no los deja vivir.