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Buenas venturas

25 de febrero de 2016 - 09:09 p. m.

No todas las noticias provenientes del principal puerto de Colombia —Buenaventura— son malas , desesperanzadoras , crueles y apocalípticas.

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A pesar de que una multiplicidad de problemas la agobian y que a veces no se ve la luz al final del túnel, hay por el otro lado de la balanza indiscutibles señales de desarrollo y progreso que ojalá irradiaran más positivamente a este municipio y a sus habitantes.

Me refiero a las altas inversiones que se están haciendo en materia portuaria que en el pasado año alcanzaron la no despreciable cifra de 280 millones de dólares, un 74% más que en el año 2014, según las palabras del súpertransporte, Javier Jaramillo.

Esta cifra , representada en las obras de la segunda fase de la terminal de contenedores, la construcción de Aguadulce y la ampliación de la sociedad portuaria regional de Buenaventura tendrán como resultado una mayor competitividad para las actividades portuarias, acorde con las necesidades del país y de cara a la eficiencia exigida para optimizar las importaciones y las exportaciones.

La construcción de las instalaciones de la sociedad portuaria industrial de Aguadulce, por ejemplo, ha demandado una inversión cercana a los 322 millones de dólares, está terminada en un 90% y será inaugurada el mes entrante.

Por otra parte, el Ministerio de Transporte acaba de avalar un nuevo proyecto portuario denominado Puerto Solo que contará con terminales de hidrocarburos líquidos, gas licuado de petróleo, gas natural licuado, generación de energía eléctrica-térmica a gas y contenedores.

La terminación de la doble calzada ha tomado un nuevo aire gracias a la presión de Vargas Lleras quien no demora en reanudar las tomadas de lección con que ha logrado agilizar muchas obras que estaban durmiendo el sueño de la ineficiencia y la burocracia.

Hay motivos pues para estar optimistas con la suerte de Buenaventura, ese patito feo al que han ordeñado por décadas y décadas sin retribuirle en justicia lo que se merece y a la que han saqueado propios y extraños con la mayor desfachatez e impunidad.

 

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