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¡Buenaventura perdió el año!

29 de diciembre de 2011 - 06:00 p. m.

Víspera de mucho y día de nada, reza el adagio popular que le cae como anillo al dedo al pobre puerto del mar, mi Buenaventura.

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 Y es que este año que ya pasó ha sido el de las mayores frustraciones para el puerto que más recursos le genera a Colombia, por donde entra y sale la mayor cantidad de carga del país y el que paradójicamente más emproblemado está.

Marea de promesas en océanos de incumplimientos. Qué desvergüenza, qué engaños, qué mamadera de gallo. Todo cuanto se dijo y pregonó no se cumplió. Y hubo hasta juramentos con los respectivos flashes y las noticias mediáticas con las que se pareciera gobernar.

Lo más triste es lo de la carretera: la doble calzada es una media calzada —si no un cuarto— porque la prometida y comprometida ampliación es una Torre de Babel: si antes se gastaban dos horas Cali-Buenaventura, ahora se van cinco o seis horas, si nos va bien. Hay tramos intransitables totalmente paralizados y obras sin acometer porque a las orillas de la vía le nacieron “dueños”. El atraso es general y el Tongo le dio a Borondongo es el estribillo que cacarean los irresponsables responsables.

Lo de la profundización del canal de acceso no quedó en nada. El dragado está en veremos. Se insiste en una contratación directa —sin licitación—, pero hay conceptos jurídicos del más alto coturno que aseguran que esa obra no puede adjudicarse así. Total de totales, se fue el 2011 en esa discusión y he ahí al pobre puerto convertido en arrimadero de chalupas y barquitos menores.

A su turno, el aeropuerto también quedó en nada. De nuevo muchos estudios, muchas visitas, muchas propuestas, ene mil promesas y Buenaventura sigue con un aeropuertico para DC3 y monomotores.

Finalmente, el tren está paralizado: ni para atrás ni para adelante, a la espera de una inyección de capital y que lo retome quien verdaderamente sabe del tema. (Y para no repetir lo repetido ni hablemos del desempleo, la inseguridad y la deplorable calidad de vida de sus habitantes).

Y cínicos o pendejos que somos, seguimos hablando del TLC. ¿Para seguir quedando como una chancleta?

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